
¿Quién dijo que el K-Pop no podía ser controvertido? Pues prepárense, porque la Iglesia católica de Tarlac, en Filipinas, ha declarado la guerra a un grupo de K-Pop… ¡por ser, supuestamente, ‘cazadores de demonios’! El obispo Enrique Macaraeg ha emitido un circular que prohíbe rotundamente cantar o reproducir canciones de la subunidad BSS (BooSeokSoon) de SEVENTEEN en todos los colegios católicos y eventos religiosos de su diócesis.
La canción que ha encendido las alarmas episcopales es «God of Music» y, en general, todo lo relacionado con el concepto de «cazadores de demonios» del grupo. Según Su Ilustrísima, estas melodías promocionan, ojo, un «ritual para llamar demonios» y actividades de «caza de demonios». Vamos, que se ve que el K-Pop moderno es más potente que el agua bendita para las posesiones.
Pero, ¡alto ahí! Para quienes no estén al día con el universo K-Pop, SEVENTEEN y su unidad BSS (compuesta por Seungkwan, Hoshi y DK) son conocidos precisamente por sus canciones alegres, pegadizas y llenas de buen rollo. Su éxito «God of Music» es, de hecho, una oda a cómo la música une a las personas y trae felicidad. No hay ni rastro de invocaciones satánicas en sus letras, ni coreografías con tridentes o conjuros.
¿Y de dónde viene la confusión con los ‘cazadores de demonios’? Ah, ahí está el quid de la cuestión. En un lanzamiento anterior, BSS lanzó el tema «Fighting», donde el concepto giraba en torno a combatir los «demonios» de la vida cotidiana: la pereza, el estrés, el aburrimiento y otras molestias modernas que nos amargan el día. Una metáfora, señores obispos, una metáfora. Nada de tramas de exorcistas coreanos en busca de poseídos, solo un poco de motivación para levantarse del sofá.
La comunidad de fans, conocidos como CARATs, está que no se lo cree. ¿Cómo es posible que una canción que habla de la alegría de la música pueda ser tan malinterpretada? Parece que, a veces, la lectura literal puede llevar a situaciones de lo más surrealistas. Al final, lo que pretendía ser una batalla contra la procrastinación ha terminado en una prohibición eclesiástica de proporciones bíblicas. Eso sí que es un giro de guion inesperado.
Así que, si eres estudiante en Tarlac y te gusta el K-Pop de BSS, más te vale no tararear «God of Music» en clase, no sea que te confundan con un aprendiz de Van Helsing o, peor, un invocador de criaturas malignas. En fin, una historia que nos recuerda que hasta la música más inocente puede ser objeto de malentendidos épicos. ¡Y todo por unos ‘demonios’ metafóricos que solo querían que nos moviéramos un poco!
