
Hay resacas que duran un día y luego está la de Joe Rogan, que aparentemente ha durado más de una década y le ha hecho creer que casi acaba con el mundo. El famoso y polémico presentador de pódcast se sinceró sobre una ‘idea loca’ que le rondaba la cabeza, un pensamiento que conecta una de sus fiestas con el fin de la civilización.
Todo se remonta a la legendaria Nochevieja de 2011. Mientras el planeta se preparaba mentalmente para el supuesto apocalipsis maya de 2012, Rogan estaba, en sus propias palabras, ‘jodidamente borracho’ durante una de sus actuaciones. Fue en ese estado de euforia etílica cuando, según él, pudo haber liado la más grande.
‘Me emborraché tanto que en mitad de mi monólogo paré y dije: ‘¡Hola, 2012!», relató en su programa. La duda existencial le asaltó años después: ‘Tengo una idea loca. ¿Y si lo empecé yo? Fui el primero. Quizá eso desencadenó el apocalipsis maya’.
Para los más jóvenes o desmemoriados, recordemos que durante meses se extendió la creencia de que el calendario maya predecía el fin del mundo para el 21 de diciembre de 2012. Al final, todo fue una mala interpretación: simplemente terminaba un ciclo en su calendario de cuenta larga. Pero el pánico, y sobre todo los memes, fueron muy reales.
La confesión de Rogan podría haberse quedado en otra anécdota de su programa, pero Internet, que tiene estas cosas, decidió que la humanidad merecía una respuesta científica. Un usuario de Twitter se tomó la molestia de buscar a un experto y le lanzó la pregunta directamente a David Carballo, arqueólogo y profesor de la Universidad de Boston.
El profesor Carballo, especialista en la civilización azteca, respondió con la calma y la ironía que la situación merecía. ‘Soy más de aztecas que de mayas’, aclaró de entrada, marcando distancias profesionales, ‘pero creo que puedo decir con confianza que no, él no lo hizo’.
Así que ya podemos respirar tranquilos. El mundo no se acabó en 2012 y, si algún día lo hace, parece bastante improbable que la culpa sea de una cogorza de Joe Rogan. Un misterio menos para la humanidad, gracias a un arqueólogo con un gran sentido del humor.
