Jimothy, el mapache de Seattle al que internet toma por críptido

Ilustración de un mapache de cuerpo redondo y comprimido, al estilo de Jimothy, el mapache viral de Seattle
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Imagina un mapache al que alguien hubiera comprimido como un acordeón: cuerpo redondo, cuello inexistente y la cabeza encajada entre los hombros. Así es Jimothy, un mapache salvaje del barrio de Ballard, en Seattle, que en julio de 2026 se convirtió en la mascota no oficial de la ciudad.

Todo empezó cuando una vecina, Kiana Hall, lo grabó en vídeo por el barrio y lo colgó en Instagram. La silueta rechoncha y su andar de peluche viviente hicieron el resto: en cuestión de días, medio internet debatía si aquello era un mapache, un yeti en miniatura o un críptido escapado de una leyenda.

¿Por qué Jimothy tiene esa forma tan rara?

La explicación más repetida es un síndrome de columna corta, un trastorno congénito poco frecuente que acorta la columna y limita la flexibilidad del cuello y el tronco. Conviene bajar el suflé, eso sí: ningún veterinario ha examinado al animal. El diagnóstico se basa solo en los vídeos, así que es una hipótesis, no un parte médico.

Más allá del aspecto, Jimothy parece un mapache sano que campa a sus anchas: los vecinos lo ven cruzar terrazas, beber del cuenco del perro y sestear en los árboles. No es el primer animal que se adueña de un barrio residencial —hace poco un puma en Pasadena convirtió un jardín en su váter particular—, y los mapaches tienen galones de sobra en esto de colarse donde no deben, como aquel okupa peludo de Cincinnati.

¿Cómo se convierte un mapache en icono de una ciudad?

A base de cariño colectivo. Ballard se ha llenado de homenajes: fan art, un mural, tatuajes e incluso un doctorado honoris causa simbólico que la Universidad de Washington le concedió por redes. Hay hasta un bobblehead cuya recaudación se destina a una protectora de animales.

El ayuntamiento tampoco se ha resistido: la concejala Alexis Mercedes Rinck ha anunciado una proclamación oficial en su honor, presentándolo como recordatorio de que no hace falta ser perfecto para que te quieran. Entre tanta euforia, las autoridades sanitarias han tenido que soltar el aguafiestas de rigor: Jimothy sigue siendo un mapache salvaje que puede portar bacterias y parásitos, así que ni acariciarlo ni darle de comer.

Que un bicho al que la naturaleza dejó a medio inflar acabe con mural, doctorado y club de fans dice bastante de internet, capaz de coronar lo mismo a este mapache que a una iguana fugada en un FedEx. Y, para variar, esta vez dice algo bonito.

Vía MyNorthwest y Reader’s Digest.