Japón tiene un problemón de osos… y nadie quiere ir a cazarlos

Japón tiene un problemón de osos... y nadie quiere ir a cazarlos
Japón se enfrenta a una oleada de ataques de osos sin precedentes, con 158 incidentes y dos muertes este año. La paradoja es que, mientras los osos se atreven cada vez más a entrar en pueblos, el país sufre una grave escasez de cazadores. Un envejecimiento de la población y la falta de relevo generacional complican la gestión de esta peluda amenaza.
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¡Agárrense, que vienen curvas… y osos! Parece que en Japón, cuando cae la noche (o incluso de día), el principal depredador en las redes sociales no es el último meme, sino un oso pardo de toda la vida. Y la cosa se está poniendo seria, muy seria. Este año, los nipones han contado la friolera de 158 ataques de osos, con la triste cifra de dos personas que no lo contaron. Un récord que nadie quería batir.

La situación es de esas que te hacen levantar una ceja y pensar: «¿Pero esto qué es?». Los osos, que antes se lo pensaban dos veces, ahora campan a sus anchas por zonas residenciales, colegios y hasta delante de la estación de tren. ¿El motivo? Pues una mezcla de todo: parece que el cambio climático les ha trastocado la dieta habitual de bellotas y frutos del bosque, y claro, el hambre aprieta y les hace buscar sustento en la nevera de los humanos, o al menos en sus contenedores de basura. Se han vuelto unos jetas, vamos.

Pero aquí viene la parte más surrealista de la historia. Mientras los osos se multiplican y se atreven con todo, ¿quién se encarga de ponerles los puntos sobre las íes? Pues ahí está el gran dilema: en Japón no hay suficientes cazadores. Así como lo oyen. Desde los años 70, la población de cazadores ha caído en picado, pasando de unos impresionantes 200.000 a unos escasos 50.000 en la actualidad. Y para colmo de males, la mayoría son ya «veteranos» que superan la barrera de los 60, 70 e incluso 80 años. ¡Imaginemos al abuelo con la escopeta y la cadera fastidiada persiguiendo a un oso de dos metros! La juventud, por su parte, prefiere el TikTok a la escopeta, y las filas de cazadores no se renuevan ni a la de tres.

Los gobiernos locales están en un verdadero aprieto. Desesperados, están empezando a barajar opciones que rozan lo insólito. ¿Qué tal si entrenamos a la policía para que use rifles de caza? Suena a capítulo de una serie cómica, ¿verdad? Aunque claro, la seguridad y la pericia son un factor importante cuando hablamos de animales de este tamaño y mal genio. Otra idea es contratar empresas privadas de control de plagas, pero ojo, que el presupuesto no da para fiestas y además, no es lo mismo cazar ratones que un oso que podría haber protagonizado «El Renacido».

En resumen, Japón se encuentra en una encrucijada peluda: demasiados osos, pocos cazadores y soluciones que parecen sacadas de un guion de comedia negra. Un claro ejemplo de que, a veces, la realidad supera a la ficción, especialmente cuando hay osos de por medio y nadie quiere coger el rifle.