Japón: La estrategia ‘genial’ de autodenunciarse por conducir ebrio que les salió por la culata

Japón: La estrategia 'genial' de autodenunciarse por conducir ebrio que les salió por la culata
En Japón, más de un centenar de conductores tuvieron su carné suspendido tras autodenunciarse a la policía por conducir bajo los efectos del alcohol. Creían que así evitarían sanciones mayores, pero la ley japonesa es inflexible: la autoacusación no rebaja las penas por su estricta normativa contra el alcohol al volante. Un plan brillante que resultó ser un fiasco.
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Imagina la escena: acabas de cometer un desliz, has conducido con unas copas de más, y en lugar de rezar para que nadie te vea, decides… ¡llamarte a la policía a ti mismo! Esto, que suena a chiste malo o a plan de villano de opereta, es una realidad documentada en Japón. Y no, no es un caso aislado. Más de un centenar de conductores nipones han probado esta «brillante» estrategia, solo para descubrir que la ley, al César lo que es del César, no entiende de auto-confesiones para suavizar el golpe.

Desde 2008 hasta marzo de 2013, 105 personas se han presentado voluntariamente ante las autoridades, o han llamado para informar sobre su propia indiscreción al volante. La idea detrás de esta peculiar táctica era simple: si soy yo quien lo dice, quizás la policía sea un poco más comprensiva, ¿verdad? Pues no. Ni un ápice. La normativa japonesa contra el alcohol al volante es de las más duras del mundo, y para ellos, la ley es la ley, te acuses tú o te acuse tu vecino.

Pensemos en el caso de un tipo que, después de llegar a casa tras una noche de copas, cogió el teléfono para informarse de sí mismo. ¿El resultado? Un año sin carné. Otro lumbreras, parado por la policía, pensó que adelantarse al golpe confesando su delito le valdría una sentencia más leve. Se equivocó, y su permiso de conducir se fue de vacaciones durante tres meses. La policía nacional japonesa lo ha dejado claro: autodenunciarse por conducir borracho no te da un trato de favor. Es como intentar convencer a tu dentista de que te dé menos pinchazos porque le has avisado tú de que tienes caries. No funciona así.

Pero, ¿por qué esta desesperada medida? Japón se tomó muy en serio el problema de la conducción bajo los efectos del alcohol tras un trágico incidente en 2006, donde un conductor ebrio acabó con la vida de tres niños. A raíz de aquello, las leyes se endurecieron hasta límites insospechados. Ahora, un conductor borracho se enfrenta a hasta cinco años de prisión o una multa de un millón de yenes (¡unos 7.500 euros!). Y ojo, que no solo el conductor sale escaldado: los pasajeros que sepan que el piloto va borracho pueden ir a la cárcel hasta tres años o pagar medio millón de yenes. ¡Incluso los restaurantes que sirven alcohol a conductores pueden ser multados!

Así que, mientras en occidente a veces nos preguntamos si la multa de aparcamiento es justa, en Japón se enfrentan a un dilema existencial tras una noche de copas: ¿me arriesgo a que me pillen y me caiga la de pulpo, o me chivo a mí mismo y me cae la de pulpo igual? La conclusión es clara: la única estrategia a prueba de balas es no beber si vas a conducir. O, al menos, no intentar ser más listo que la ley, porque en Japón, eso es pedirle peras al olmo.