Japón devuelve a China a sus pandas: El fiasco de la reproducción y la diplomacia bambú

Japón devuelve a China a sus pandas: El fiasco de la reproducción y la diplomacia bambú
Japón se despide de sus dos últimos pandas gigantes, Ri Ri y Shin Shin, que regresan a China tras expirar su acuerdo de préstamo. A pesar de los esfuerzos y un coste de casi un millón de dólares anual, la esperada descendencia que revitalizaría lazos diplomáticos y atraería visitantes nunca llegó, dejando a Japón con 'depresión panda'.
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¡Atención, amantes de lo peludo y las negociaciones internacionales! El 24 de octubre de 2013 no fue un día cualquiera en el zoo de Ueno, Tokio. Fue el día en que Japón le dijo «sayonara» a sus dos últimos y venerados pandas gigantes, Ri Ri y Shin Shin. No es que los japoneses se hubieran cansado de ellos, ¡ni mucho menos! Es que el contrato de alquiler había llegado a su fin y los osos debían volver a su tierra natal: China.

Ri Ri y Shin Shin aterrizaron en Japón en febrero de 2011, no como turistas cualquiera, sino como auténticos embajadores de la «diplomacia panda». Para el que no lo sepa, China tiene la costumbre de prestar sus pandas a otros países como un gesto de buena voluntad y, claro, para recordarnos quién tiene el monopolio de estos adorables comedores de bambú. Pero ojo, que la buena voluntad tiene un precio, y no es precisamente barato. Japón pagaba la friolera de 950.000 dólares anuales (¡casi un millón de euros!) por tener a esta parejita peluda en su territorio durante una década. Ahí es nada.

¿El objetivo principal de esta operación ‘panda-diplomática’? ¡Reproducirse! Sí, la presión recayó sobre Ri Ri y Shin Shin para que se pusieran manos a la obra y dieran descendencia que cimentara los lazos entre ambos países y, de paso, llenara las arcas del zoo con entradas y merchandising. Hubo un momento de esperanza cuando Shin Shin dio a luz un cachorro en 2012, pero tristemente el pequeño no sobrevivió a una neumonía. Después, llegó el drama del ‘embarazo fantasma’, que dejó a todo Japón con la miel en los labios y a los responsables del zoo con un dolor de cabeza monumental. La misión principal, la de los bebés panda, se había saldado con un sonoro fracaso.

La noticia de su partida sumió al público japonés en lo que algunos medios llamaron la «depresión panda». Miles de personas hicieron colas interminables para despedirse de la pareja, inmortalizando los últimos momentos con sus estrellas peludas. Y es que, aparte de su valor diplomático, Ri Ri y Shin Shin eran unas auténticas máquinas de hacer dinero. En 2011, tras su llegada, el zoo de Ueno vio sus visitas dispararse a los 4 millones, y la venta de souvenirs con forma de panda era un no parar. Con su marcha, el zoo no solo perdía a sus dos principales atracciones, sino también una fuente de ingresos considerable.

Así que, mientras Ri Ri y Shin Shin emprendían su viaje de vuelta a China, Japón se quedaba sin pandas y con el recuerdo de una inversión millonaria que no dio los frutos esperados en el apartado reproductor. Aunque los funcionarios del zoo de Ueno ya manifestaron su interés en acoger nuevos pandas en el futuro, la historia de esta pareja nos deja una moraleja: la diplomacia es compleja, incluso cuando los embajadores solo se preocupan por el bambú y la siesta. Una historia con más drama que una telenovela, donde los protagonistas son unos osos vegetarianos y el telón de fondo, la diplomacia internacional y un puñado de dólares que no compraron un final feliz con crías.