
Imagínate la escena: la noche de Halloween, niños disfrazados de brujas, fantasmas y superhéroes, correteando de puerta en puerta con el famoso grito de «¿Truco o Trato?» Y de repente, en lugar de caramelos, un inesperado encuentro con agentes de inmigración. Una imagen un tanto… desalentadora, ¿verdad? Pues esto fue precisamente lo que un grupo de defensa de los inmigrantes en Estados Unidos quiso evitar hace unos años, lanzando una petición que rozaba lo surrealista.
La Coalición de Inmigrantes de Florida, junto a otras organizaciones como la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) de Florida, se armaron de valor y bolígrafo para enviar una carta a los altos mandos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Su propuesta no era ni más ni menos que pedir una tregua: que ICE pusiera en pausa sus operaciones de control migratorio durante la noche de Halloween. ¿El motivo? Querían que niños y familias pudiesen disfrutar de la festividad sin el fantasma de una posible redada o la detención de un ser querido.
Los activistas argumentaban que Halloween debería ser una noche de pura diversión y alegría, no de miedo y trauma, especialmente para los más pequeños. La idea de que un niño pudiera presenciar la detención de sus padres o vecinos mientras buscaba su dosis anual de chuches era, cuanto menos, escalofriante. Y no era una preocupación infundada; en el pasado, las operaciones de inmigración habían tenido lugar en zonas residenciales, generando una ansiedad considerable entre la población.
La petición, con su toque de humor involuntario y su gran carga social, buscaba una mínima cortesía, un pequeño «descanso» para que la calabaza reinase sobre el papeleo. La respuesta de ICE no se hizo esperar, aunque no fue exactamente la esperada. La agencia aclaró que sus acciones se centran en «extranjeros criminales y personas que suponen una amenaza para la seguridad pública», y que no realizan «redadas o batidas indiscriminadas». Además, mencionaron que, salvo circunstancias urgentes, evitan llevar a cabo operaciones en «lugares sensibles» como escuelas, templos o manifestaciones públicas. Vamos, que lo de Halloween no entraba en la categoría de «emergencia» o «necesidad urgente», al menos para ellos. Pero la anécdota, desde luego, nos dejó con un «¿Truco o Trato?» con un matiz muy diferente.
