Ingeniero Eólico Intenta Cultivar María con Viento Robado

Ingeniero Eólico Intenta Cultivar María con Viento Robado
Un ingeniero de turbinas eólicas en Países Bajos fue condenado a prisión por intentar cultivar cannabis usando electricidad robada directamente de los aerogeneradores. Su ingenioso, pero ilegal, plan fue descubierto por la compañía eléctrica debido a una sospechosa bajada de voltaje en la red. Quería financiar su jubilación con el cultivo.
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¿Quién dijo que la energía eólica solo servía para iluminar ciudades y ser sostenible? Pues, atención, porque un ingeniero holandés decidió darle un giro… ejem, ‘verde’ a este concepto. Se trata de Allard van der H., un experto en turbinas de viento que, en lugar de generar energía limpia para el bien común, la estaba desviando para un propósito un tanto más… aromático.

Nuestro protagonista, con su gorro de ingeniero bien puesto (o al menos mentalmente), montó un auténtico invernadero de cannabis. ¿Y dónde creéis que se le ocurrió colocarlo? Pues nada menos que en un contenedor aislado, estratégicamente escondido en un bosquecillo cercano a las mismísimas turbinas eólicas que él mismo ayudaba a mantener. ¡Un ‘plan de pensiones’ con sabor a riesgo y resina!

El tinglado, que incluía unas 360 plantas de marihuana, no era precisamente un huerto casero. Tenía de todo: lámparas de alta potencia, ventiladores, filtros de aire y, lo más importante, ¡un enganche ilegal a la red eléctrica de las turbinas! El hombre, con toda su pericia técnica, había logrado montar una sofisticada operación clandestina.

Pero claro, la madre naturaleza y las leyes de la física son implacables. La compañía eléctrica Liander, que no es tonta, empezó a notar algo raro. ¿Un bajón de tensión inusual en la zona de los molinos de viento? ¡Canta, que te canta! Unos técnicos se pusieron manos a la obra y, siguiendo el rastro del «viento» (y de la electricidad que se evaporaba misteriosamente), dieron con el escondite de nuestro ingeniero-botánico.

Allí estaba, el contenedor, con el aroma inconfundible y todo el equipo necesario para un cultivo de cannabis en toda regla. Allard fue pillado con las manos en la masa, o mejor dicho, en las hojas. Su defensa fue bastante… curiosa: alegó que necesitaba el dinero extra para su jubilación. Vamos, que pensaba financiar sus años dorados con brotes de ‘hierba’.

El juez no vio el lado ‘emprendedor’ del asunto y lo condenó a un año de prisión y una multa de 25.000 euros. Y es que robar electricidad para cultivar marihuana, por mucho que provenga de una fuente renovable, sigue siendo un delito. Moraleja: la energía verde es genial, pero para el ocio, mejor cómpralo en sitios legales, si es que puedes. Y si eres ingeniero, usa tu talento para fines más… legales y menos aromáticos.