
¿Quién no ha estirado un poco la pausa del café o se ha refugiado un rato en el baño para desconectar? Pues, agárrate, porque la historia que nos llega desde Corea del Sur lleva este concepto a un nivel… estratosférico. Un ingeniero, al que solo conocemos como Mr. Jin, ha decidido plantar cara a su antigua empresa en los tribunales después de ser despedido por una razón tan insólita como íntima: sus supuestas «pausas de baño excesivamente largas».
Desde agosto de 2021, Mr. Jin formaba parte de la plantilla de esta empresa surcoreana. Sin embargo, en noviembre de 2023, su carrera dio un giro inesperado. La compañía lo despidió alegando que su productividad estaba por los suelos debido a que, atención, pasaba hasta tres horas diarias en el retrete. ¡Tres horas! Para ponerlo en perspectiva, eso es casi media jornada laboral solo para hacer sus necesidades. Los medios coreanos, que han seguido de cerca el caso, reportan que la empresa ha estado monitoreando a Jin durante los últimos tres años, un dato curioso si tenemos en cuenta que él solo empezó a trabajar allí en 2021. Se ve que no escatimaron en recursos para este particular seguimiento.
Pero Mr. Jin no se ha quedado de brazos cruzados. Ha demandado a la empresa por despido improcedente, defendiendo que sus prolongadas visitas al baño no son un capricho, sino una necesidad derivada de varias condiciones médicas. ¿Y cuáles son? Pues, para que no falte detalle, ha citado hemorroides, síndrome del intestino irritable, estreñimiento, diarrea severa y un trastorno de ansiedad. ¡Un combo completo que, según él, hace de cada viaje al lavabo una auténtica odisea! Además, acusa a la empresa de discriminación y de invadir su privacidad con tanta vigilancia. Argumenta, y con razón, que todos los empleados tienen derecho a usar el aseo libremente.
La empresa, por su parte, insiste en que la situación era insostenible. Dicen haberle advertido en repetidas ocasiones y que su rendimiento había caído en picado. Como prueba, presentaron registros detallados de sus entradas y salidas del baño, cronometrando cada segundo. Y aquí viene lo más surrealista del asunto: para intentar acomodarle sin que afectara a la productividad, le llegaron a ofrecer un traslado a un puesto «sin trabajo» para que gestionara su peculiar condición médica. ¡Un trabajo donde no hay trabajo! Pero Mr. Jin se negó, probablemente intuyendo la trampa o la humillación detrás de tal oferta.
El culebrón judicial ya tiene un primer capítulo. En febrero de 2024, la Comisión de Relaciones Laborales dio la razón a la empresa, dictaminando que el despido era justo dada la merma en la productividad y los esfuerzos de la compañía por buscar una solución. Sin embargo, nuestro ingeniero ‘bañista’ no se rinde y ya ha apelado la decisión ante la Comisión Nacional de Relaciones Laborales. La saga del «Rey del Baño» promete más entregas. ¿Se sentará un precedente sobre los límites de nuestras pausas fisiológicas en el trabajo?
