Por qué la Naranja Mecánica viste de naranja y no por su bandera

Marea de aficionados vestidos de naranja en un estadio, el color con el que la selección de Países Bajos llena las gradas
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Enciende cualquier partido de la selección de Países Bajos y verás un océano naranja: camisetas, pelucas, bufandas y hasta caras pintadas. Lo raro es que en la bandera neerlandesa no hay ni rastro de ese color. Es roja, blanca y azul. Entonces, ¿de dónde sale tanta naranja?

La culpa la tiene un apellido

El origen no está en el fútbol, sino en el siglo XVI y en un hombre: Guillermo de Orange, alias Guillermo el Taciturno. Con solo once años heredó el principado de Orange, un pequeño territorio del sur de Francia, y con él un título que acabaría bautizando a toda una dinastía: la Casa de Orange-Nassau.

Guillermo lideró la revuelta de los Países Bajos contra la corona española de Felipe II y pasó a la historia como el padre fundador del país. Sus colores personales —naranja, blanco y azul— se convirtieron en enseña de guerra y en símbolo de la nueva nación.

Cuando el naranja se volvió rojo

Aquella primera bandera se llamó la Prinsenvlag, la «bandera del Príncipe», y lucía una franja naranja justo donde hoy hay una roja. ¿Qué pasó por el camino? Varias cosas a la vez.

  • El tinte naranja era pésimo: se desteñía y viraba al rojo con el tiempo y el salitre.
  • El rojo se distinguía mucho mejor en alta mar, algo clave para una potencia naval.
  • Y había política de por medio: la República quería marcar distancias con la todopoderosa Casa de Orange.

El cambio se fue cocinando durante el siglo XVII y no se hizo oficial hasta 1937, cuando la reina Guillermina fijó por decreto el rojo, blanco y azul que ondea hoy.

El naranja desapareció de la tela, pero jamás del alma neerlandesa.

De símbolo real a marea futbolística

Hoy el naranja es el color no oficial del país, casi un uniforme de hinchada como los gorros de pescador de Gales. En cada Mundial o Eurocopa estalla la Oranjegekte, la «locura naranja», y por eso a la selección se la conoce como la Naranja Mecánica, en honor al fútbol total de los años setenta. Una fiebre de color que pone las gradas patas arriba, no muy lejos de los hinchas noruegos que reman como vikingos en una escalera mecánica.

Tampoco son los únicos que ignoran su propia bandera: Italia juega de azul por la Casa de Saboya y Brasil cambió el blanco por el verdiamarillo. Eso sí, vestir los colores patrios no siempre sale gratis: la FIFA llegó a prohibir a algunas aficiones lucir los colores nacionales en la grada.

Así que la próxima vez que veas ese mar naranja rugiendo en un estadio, ya lo sabes: no están animando a una bandera, sino a un príncipe que se rebeló hace casi 500 años.

Vía Bored Panda.