Historias surrealistas vividas en tribunales que superan cualquier guion de Hollywood

Historias surrealistas vividas en tribunales que superan cualquier guion de Hollywood
Un repaso a las experiencias más disparatadas de ciudadanos convocados para un jurado popular. Desde gatos que reciben citaciones oficiales hasta acusados que resultan ser conocidos de los miembros del jurado, estas anécdotas demuestran que la realidad en los juzgados estadounidenses siempre supera la ficción.
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A nadie le hace especial ilusión que le llegue una carta del juzgado invitándole a pasar unos días decidiendo el futuro de alguien. Pero, a veces, el deber cívico se convierte en una comedia de enredos digna de los mejores guiones de televisión. En esta recopilación de anécdotas reales, descubrimos que los tribunales pueden ser el escenario de situaciones completamente delirantes.

Candidatos con mucha cara y gatos ciudadanos

Uno de los casos más absurdos ocurrió cuando un hombre recibió una citación para su gato. Al parecer, un error en el censo electoral incluyó al felino en la lista de posibles jurados. A pesar de que el dueño intentó explicar que su mascota no tenía capacidad de juicio (más allá de decidir qué marca de pienso prefería), el sistema insistió. Al final, tuvo que presentarse con el animal para que el juez viera con sus propios ojos que el candidato estaba más interesado en cazar moscas que en impartir justicia.

El arte de evitar el servicio militar… o judicial

Hay gente que hace lo que sea por librarse de pasar semanas encerrada en una sala. Un candidato decidió que la mejor estrategia era la sinceridad visual: se presentó a la selección luciendo una camiseta donde se leía, en letras bien grandes, la palabra Culpable. Ni que decir tiene que el abogado defensor tardó menos de tres segundos en pedir que se fuera a su casa. Otro, en un alarde de desesperación, aprovechó un descanso para ir al baño y se escapó por la ventana. Un plan sin fisuras si no fuera porque el juzgado tenía sus datos de contacto.

Conflictos de intereses y sorpresas inesperadas

La realidad a veces da giros de guion que te dejan helado. En una ocasión, durante la selección de jurados para un caso de robo, una mujer se dio cuenta de que el delito del que hablaban era el que ella misma había sufrido meses atrás. Nadie se lo había notificado, y se enteró de quién era el sospechoso justo cuando le preguntaron si podía ser objetiva. En otro juicio, un miembro del jurado empezó a roncar tan fuerte que el juez tuvo que detener el testimonio de un experto para despertar al somnoliento ciudadano, que al parecer encontraba el caso de patentes de software demasiado relajante.

Fans en el estrado

Por último, está el caso del jurado que no entendió muy bien la jerarquía institucional. Tras dictarse la sentencia, uno de los miembros se acercó al juez, no para hacer una pregunta legal, sino para pedirle un autógrafo. El hombre argumentó que el juez era ‘el tío más impresionante que había visto jamás’. La justicia puede ser ciega, pero desde luego no le falta su toque de surrealismo puro.