El hijo de Colón describió España para un mapa que nunca existió

En 1517 mandó emisarios a recorrer todos los pueblos de España anotando vecinos y leguas. El mapa al que apuntaba todo aquello no se dibujó jamás…

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En 1517 mandó emisarios a recorrer todos los pueblos de España anotando vecinos y leguas. El mapa al que apuntaba todo aquello no se dibujó jamás…

En 1517, Hernando Colón —hijo de Cristóbal Colón— puso en marcha algo que hoy sonaría a base de datos: mandar emisarios a todos los pueblos de España para anotar, uno por uno, cuántos vecinos tenían, qué caminos los cruzaban y a cuántas leguas quedaba el siguiente. Todo aquello apuntaba a un objetivo final: dibujar un mapa del país. El mapa no se dibujó nunca.

Casi seis años después, una orden real cortó el proyecto en seco. Lo que se había reunido acabó en un estante de su biblioteca de Sevilla, y allí se quedó durante siglos.

¿Qué era la Descripción y cosmografía de España?

Conocida también como Itinerario, la obra es en el fondo un cuaderno de campo pasado a limpio: más de seis mil párrafos numerados con lo que iban trayendo los emisarios, anotado según llegaba y saltando de una región a otra sin orden geográfico.

Cada apunte tiene una sequedad encantadora: el nombre del sitio, si era ciudad, villa o aldea, cuántos vecinos —casas, no personas— reunía, de quién dependía, si había río al lado y las leguas hasta la población siguiente. Colón sabía de cosmografía: dejó anotadas hasta las instrucciones para cuadricular las tablas por grados de longitud y latitud.

Pintura de un hombre con barba y bigote, tocado con sombrero oscuro con pluma y cuello blanco, sobre fondo oscuro
Retrato de Hernando Colón, pintor no identificado, siglo XVII. Fuente: Wikimedia Commons (dominio público).

¿Cómo se describe un país entero en el siglo XVI?

Sin coches ni satélites, la única vía era mandar gente. Hernando Colón no recorrió España en persona: repartió cédulas a emisarios que salieron a los caminos y volvían con los datos corroborados por escribanos o testigos de confianza. El grueso del trabajo de campo se concentró entre 1517 y 1520.

Fue necesario enviar por todos los pueblos de España algunas personas que informasen en cada pueblo de los vecinos que había y de todo lo demás que en él hobiese dino de memoria, y habida la información la truxiesen por fee de escribanos e de testigos fidedinos.

Lo dejó escrito el bachiller Juan Pérez, criado de Colón, en la memoria que redactó tras la muerte de su señor. Puestos a comparar, el catálogo de topónimos de un geógrafo estadounidense parece un paseo, y la primera guía Michelin ya tuvo imprenta y automóviles.

¿Por qué se paró el proyecto?

El 13 de junio de 1523, una provisión real ordenó al corregidor de Córdoba retirar las cédulas a Colón y a sus emisarios, y confiscar la información recogida. Se acabó.

El motivo nunca se ha aclarado. Los historiadores manejan varias hipótesis: que una empresa así parecía cosa del Estado y no de un particular, o la desconfianza del monarca. Años más tarde, Hernando escribió a Carlos V quejándose de que el presidente del Consejo Real le había puesto impedimento.

Y queda el remate. Para ordenar aquel montón de notas existía un segundo volumen, un vocabulario alfabético en el que bastaría con ir a la ese para saberlo todo de Sevilla. Se quedó en unos cientos de entradas, ninguna más allá de la letra A, y con la mitad de las hojas en blanco. Sevilla nunca llegó a la ese.

Sobrevive en dos códices de la Biblioteca Colombina de Sevilla, más un fragmento en la Biblioteca Nacional de Madrid, y no se imprimió hasta el siglo XX, casi cuatrocientos años tarde. Comparado con eso, el navegador de rollo de papel de los años treinta fue un éxito fulminante, y las conferencias de Einstein por España, un lleno absoluto.

Vía Antonio Crespo Sanz en CT Catastro, José Javier Rodríguez Toro en Bulletin Hispanique, Sociedad Geográfica Española y Xataka Magnet. Ilustración de portada generada con IA.