
¡Agárrense los patines, que viene el drama helado! En el idílico rincón de Augusta, Maine, la tranquilidad se vio perturbada por una controversia más fría que el hielo donde querían cobrar por una actividad para niños. Hablamos del “Ice Halloween”, un evento que prometía mezclar el espíritu más terrorífico del año con la elegancia de las piruetas sobre hielo en el Augusta Civic Center. La idea, sobre el papel, era refrescante: patinadores profesionales, caramelos y, la joya de la corona para los más pequeños, ¡un desfile de disfraces sobre hielo! ¿Quién no querría ver a Drácula patinando o a una princesa doing an axel?
Pero, ¡ay, amigos! La cosa se torció más que un triple giro cuando el ayuntamiento, organizador del sarao junto al Civic Center, decidió que la participación de los niños en este desfile tan especial costaría unos módicos 5 dólares. Sí, habéis leído bien. ¡5 eurazos (o dólares, en este caso) por ponerse un disfraz y deslizarse unos metros! La reacción de la comunidad no se hizo esperar y fue tan gélida como la pista.
Las redes sociales, ese termómetro implacable de la indignación popular, echaron humo. Los vecinos, con el pulgar ardiendo, no dudaron en calificar la medida de «impuesto a la diversión» y de «sacacuartos». «¡Ni que fuera el patinador de oro!», exclamaban algunos padres, visiblemente molestos por tener que pagar para que sus retoños mostrasen su creatividad. El historial del ayuntamiento con otras tasas en eventos públicos, como el desfile de la Celebración de Verano, no ayudó precisamente a calmar los ánimos. Parece que a Augusta le gusta la polémica de las pequeñas tarifas.
La cosa se puso tan calentita que hasta el alcalde, William Stokes, admitió que cobrar por el desfile de disfraces de los críos había sido un «error». Y no solo él; el gerente de la ciudad, William Bridgeo, se unió al coro de arrepentidos, reconociendo que la idea era más resbaladiza que la propia pista. «Vaya patinazo hemos dado», debieron pensar entre bambalinas.
Afortunadamente, la voz del pueblo es la voz de la sensatez (y de los caramelos gratis). Ante la avalancha de críticas, el ayuntamiento dio marcha atrás. ¡Aleluya! Se ha eliminado el cargo de 5 dólares para los niños de 2 a 12 años que quieran desfilar con sus mejores galas sobre el hielo. ¡El «truco o trato» del Halloween clásico se impuso!
Así que, finalmente, los niños podrán lucir sus disfraces de forma gratuita y disfrutar de su momento de gloria helada. Eso sí, la entrada general al evento, que incluye a los patinadores profesionales de Ice Dreams y un tiempo de patinaje libre para todos, sigue siendo de 10 dólares. Al fin y al cabo, los patrocinadores como Central Maine Power y G&E Roofing no pagan el espectáculo con aire.
A pesar del pequeño tropezón inicial, Augusta espera que su «Ice Halloween» sea un éxito y una forma divertida y diferente de celebrar la noche de brujas. Eso sí, la próxima vez, quizás piensen dos veces antes de intentar cobrar por el espíritu de Halloween. ¡Que no nos quiten la magia (y los caramelos) de la gratuidad!
