Hackers con alma de paparazzis: chantajean con fotos de bebés

Hackers con alma de paparazzis: chantajean con fotos de bebés
Un grupo de hackers ha atacado Kidicorp, la mayor guardería de Nueva Zelanda, robando 'fotos comprometedoras' de niños pequeños. Tras publicar algunas imágenes online, amenazan con difundir más si no se cumplen sus demandas, dejando a padres y autoridades en alerta ante este insólito chantaje digital.
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Agárrense, que lo que viene no es precisamente un cuento de hadas, aunque los protagonistas sean los más peques de la casa. Imagina un ciberataque, pero en lugar de robar datos bancarios o secretos de estado, los malos de la película han puesto sus ojos en algo mucho más… tierno: las fotos de bebés en la guardería. Sí, como lo oyes, la seguridad digital ha alcanzado un nuevo nivel de lo absurdo.

La cosa está que arde en Nueva Zelanda, donde Kidicorp, la cadena de guarderías más grande del país, se ha convertido en el epicentro de un hackeo de lo más peculiar. Unos cibermalos con un sentido del humor bastante retorcido (o simplemente muy, muy crueles) han conseguido infiltrarse en sus sistemas y se han hecho con un botín de lo más ‘delicado’: ‘fotos potencialmente vergonzosas’ de pequeños. No, no estamos hablando de nudes, que conste, sino de esas instantáneas que a lo mejor no querrías que tu hijo viera de mayor: un puré esparcido por la cara, un berrinche antológico o simplemente ese momento ‘monstruo de las galletas’ que nos hace tanta gracia de adultos, pero que igual no es material para la posteridad pública. Unas imágenes de esas que los padres guardan con cariño, pero que no están destinadas al gran público.

El tema es que, cual paparazzi enloquecido, estos hackers ya han empezado a ‘publicar’ algunas de estas joyitas en una web, y la amenaza es clara: si Kidicorp no cede a sus ‘demandas’ (cuyos detalles exactos no han trascendido, pero uno se imagina la cosa), las redes se van a llenar con más material ‘comprometedor’ de los retoños. ¡Menudo chantaje digital con pañales de por medio! La situación ha generado una alarma considerable tanto en la dirección de la guardería como entre los padres afectados.

Mark O’Connor, el CEO de Kidicorp, ha salido a la palestra con la cara de circunstancias, pidiendo disculpas por el bochorno y asegurando que la seguridad de los niños es su prioridad número uno. Han puesto a la policía tras la pista de los ciberdelincuentes y están trabajando codo con codo con el CERT NZ (el equipo de respuesta a emergencias cibernéticas) para intentar borrar esas fotos de la faz de internet y blindar sus sistemas. Un trabajo de Hércules, la verdad, porque una vez que algo está en la red, ya sabemos lo que cuesta quitarlo, sobre todo cuando se trata de contenidos sensibles.

La reacción de los padres, como era de esperar, ha sido de auténtico ‘shock’ y cabreo monumental. Una de ellas, la pobre, comentaba que sí, que las fotos de su hijo eran ‘bastante normales’ pero que, vamos, ¿quién quiere que se difundan así? El drama está servido, y la indignación es palpable. Y es que, para más inri, no es la primera vez que Kidicorp tiene un desliz con la seguridad; ya tuvieron un episodio donde nombres, direcciones y hasta información médica de los niños quedaron expuestos. Parece que la ciberseguridad no era su asignatura favorita en el colegio, y ahora están pagando el pato de una forma bastante inusual.

Así que, mientras los pequeños duermen ajenos a este ciberdrama, los adultos nos quedamos con una reflexión de lo más seria: si hasta las fotos de los chiquitines no están a salvo, ¿qué hacemos con la privacidad de nuestros datos en este mundo tan digital? La cosa es para pensársela, oiga. Un recordatorio amargo de que ninguna información está completamente a salvo en la era de internet, ni siquiera los recuerdos más inocentes.