George Steinbrenner, el dueño de los Yankees, expulsado por un peculiar detective

George Steinbrenner, el dueño de los Yankees, expulsado por un peculiar detective
El polémico dueño de los Yankees, George Steinbrenner, fue suspendido de por vida (luego dos años) por pagar 40.000 dólares al apostador Howie Spira para investigar a su estrella Dave Winfield. El comisionado de béisbol Fay Vincent calificó el acto de "desleal" y una afrenta al deporte.
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Prepárense, amantes de las historias rocambolescas, porque la que nos trae hoy el béisbol estadounidense es de las que hacen levantar una ceja. Corría el año 1990 y el mundo del deporte se quedaba boquiabierto: George Steinbrenner, el mismísimo «Jefe» y dueño multimillonario de los míticos New York Yankees, acababa de ser expulsado del béisbol. Sí, habéis oído bien, un veto de por vida, que más tarde se suavizaría a un par de añitos sabáticos. ¿El motivo? Nada de dopaje masivo ni apuestas millonarias en su contra. No, la historia es mucho más… pintoresca.

Resulta que el señor Steinbrenner, conocido por su carácter volátil y su tendencia a cambiar de mánager como de camiseta, tenía una relación bastante turbulenta con una de sus mayores estrellas, el talentoso Dave Winfield. La cosa venía de lejos, con una disputa de trescientos mil dólares destinada a un fondo benéfico que, según Steinbrenner, Winfield estaba gestionando de aquella manera. En lugar de sentarse a tomar un café y resolverlo como personas civilizadas, a nuestro querido «Jefe» se le ocurrió una idea genial: contratar a un detective.

Pero no a un detective cualquiera, de esos de gabardina y pipa. ¡Qué va! Steinbrenner recurrió a Howie Spira, un apostador confeso con un historial que no inspiraba precisamente confianza. ¿Y para qué? Para que Spira desenterrara «información dañina» sobre Winfield. Le pagó la friolera de 40.000 dólares por sus servicios de «investigación». Uno se imagina la escena: un apostador profesional reconvertido en espía, buscando trapos sucios de una leyenda del béisbol. ¡Puro cine!

Cuando la noticia salió a la luz, el comisionado del béisbol, Fay Vincent, que era todo menos ingenuo, se lo tomó fatal. Calificó el acto de Steinbrenner como un «acto de deslealtad», una «mala conducta» y, lo que es peor, una «afrenta a la reputación y la integridad del béisbol». Y es que, si un jugador como Pete Rose fue vetado de por vida por apostar en partidos, un dueño pagando a un apostador para espiar a su propio jugador era una línea que no se podía cruzar.

Steinbrenner intentó defenderse, minimizando la situación y alegando que solo estaba «buscando información» sobre cómo se utilizaba el dinero de su organización. Pero Howie Spira, que no era precisamente un dechado de discreción, confesó haber recibido el dinero y haber informado directamente a Steinbrenner. ¡Vaya «investigador»!

La repercusión fue inmediata. Aunque la suspensión inicial fue de por vida, rápidamente se recalificó a dos años, tiempo durante el cual Steinbrenner tuvo que renunciar a la gestión diaria de los Yankees. Los jugadores y el personal del equipo, aunque quizás no del todo sorprendidos (ya conocían la faceta excéntrica de su jefe), se quedaron atónitos. Era el fin de una era, al menos temporalmente, para uno de los propietarios más influyentes y controvertidos en la historia del deporte. Una lección de que, por mucho dinero y poder que se tenga, hay ciertas reglas de juego que ni el mismísimo «Jefe» puede romper.