
¡Menuda noche de pasta tuvo Laura Giffard! En su hogar del Reino Unido, el aroma a agua hirviendo y la promesa de una cena italiana se vieron interrumpidos por una intervención culinaria inesperada. La protagonista de esta historia es Willow, una de las adorables gatitas de acogida de Laura, que, al parecer, tiene una visión muy particular de lo que significa «ayudar en la cocina».
Laura estaba en lo suyo, con su olla burbujeando alegremente en la encimera, lista para recibir la pasta. Todo iba según lo previsto hasta que apareció Willow, «como caída del cielo», y no precisamente con las manos vacías. O, mejor dicho, no con las patitas vacías. La minina traía consigo un «regalo» especial, un obsequio de caza en forma de ratón. Y, en lugar de dejarlo discretamente en el felpudo o en la cama del humano, Willow decidió que el lugar más apropiado para su ofrenda era… ¡dentro de la olla de agua hirviendo!
Imaginen la escena: un chapuzón inesperado, el ratón cayendo con un «plof» en el agua que se preparaba para los macarrones. Laura, como era de esperar, soltó un grito que debió poner los pelos de punta a la propia Willow, quien, sorprendida por el alarido, salió corriendo como alma que lleva el diablo.
Así que Laura, en lugar de escurrir la pasta, se encontró con la «divertida» tarea de pescar el ratón cocido con unas pinzas. Adiós, cena de pasta; hola, improvisada operación de rescate y cambio de menú forzoso. Toca tirar el agua «aromatizada» y la pasta que aún no había entrado en acción pero que ya estaba contaminada por el espíritu de la aventura felina.
Pero esta no es la primera vez que Willow sorprende a sus cuidadores. Parece que tiene un don para los regalos originales. Anteriormente, ya tuvo el detalle de dejar un ratón, ¡pero vivo!, sobre la cabeza del compañero de Laura. Sí, así, sin anestesia. Pese a estas excentricidades de cazadora, Laura insiste en que Willow es «muy dulce». Quizás su dulzura se compensa con un instinto depredador… y un gusto por la dramaturgia culinaria.
La foto del ratón «al dente» en la olla se hizo viral, claro. Porque ¿quién no querría compartir una anécdota tan surrealista y a la vez tan comprensible para cualquier dueño de gato? Al final, tener mascotas es esto: amor incondicional, ronroneos, y de vez en cuando, un ratón muerto flotando en tu cena. ¡Cosas de gatitos!
