Henry Gannett reunió el origen de unos diez mil nombres del mapa estadounidense. En la edición de 1905, Yreka sale dos veces seguidas y no coinciden…
En 1902, el geógrafo Henry Gannett se propuso algo desmesurado: reunir en un tomo de dónde salía el nombre de casi diez mil pueblos, ríos y montañas de Estados Unidos. Lo publicó como boletín oficial del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Y en la segunda edición, la de 1905, un pueblo de California aparece dos veces seguidas con dos orígenes que se contradicen.
¿Quién se puso a catalogar los nombres del mapa estadounidense?
Henry Gannett (1846-1914) fue geógrafo jefe del Servicio Geológico de Estados Unidos, uno de los seis fundadores de la National Geographic Society —que llegaría a presidir en 1909— y uno de los dos hombres que en 1890 impulsaron la creación de la Junta de Nombres Geográficos, la que fija la grafía oficial de los topónimos para el Gobierno estadounidense. Nadie estaba mejor colocado para el encargo.
Su método no fue el archivo, sino el correo. El libro agradece la ayuda de sociedades históricas estatales, funcionarios de estados, condados y municipios, y particulares de medio país, que contestaron con lo que se contaba en cada sitio. Los nombres indígenas sí pasaron un filtro —la Oficina de Etnología Americana los verificó y corrigió todos—; el resto entró como llegaba.
¿Por qué Yreka aparece dos veces con dos orígenes distintos?
En la primera edición, la de 1902, Yreka —capital del condado de Siskiyou, en el norte de California— tenía una sola entrada: llamada así por una tribu india y, añadía Gannett, quizá deformación de Weikah, «blancura», el nombre indígena del monte Shasta.
En 1905 esa coletilla desapareció y encima se coló una entrada nueva, sin que nadie borrara la vieja. Resultado: dos renglones consecutivos, en la página 333, que no encajan.
«Yreka; capital del condado de Siskiyou, California. El nombre se formó transponiendo las letras de bakery».
«Yreka; población del condado de Siskiyou, California, llamada así por una tribu india».

La de arriba es una leyenda que ya circulaba por la zona en el siglo XIX —un cartel de panadería puesto a secar del revés, con la B tapada, que un forastero habría leído como YREKA— y que Mark Twain fijaría por escrito en sus memorias dictadas, publicadas mucho después. La de abajo acierta solo a medias: el nombre viene de la palabra shasta wáik’a, «montaña blanca» o «montaña del norte», por el monte Shasta que se ve desde el pueblo.
¿Qué otras rarezas guarda el catálogo?
Entre tanta entrada hay joyas. El libro recoge un Nameless («sin nombre»), en el condado de Laurens (Georgia), bautizado así porque de una lista de varios cientos de nombres enviada a Correos no convenció ninguno. Y un Beloit (Wisconsin) cuyo nombre se lo sacó de la manga un comité, inspirado por Detroit. Muy en la línea de estas placas que conmemoran que allí no pasó nada.
Hay también huella española, aunque conviene cogerla con pinzas: el río Yuba, en California, figura como derivado de el Río de las Uvas, cuando hoy se apunta más bien a un poblado indígena de la zona. Gannett no acertó siempre, pero dejó por escrito lo que se creía en 1900 sobre el mapa que se pisaba.
Y esa es la moraleja: el mapa que das por resuelto sigue teniendo bultos que nadie supo explicar y huecos que no son de nadie.
Vía Xataka Magnet. Fuentes: Henry Gannett, The Origin of Certain Place Names in the United States, 2.ª ed., USGS Bulletin 258 (1905) y 1.ª ed., Bulletin 197 (1902); Henry Gannett; Yreka, California y Western Mining History.




