
¡Atención, amantes del drama de oficina y las conspiraciones dignas de Hollywood! Imagina la escena: el epicentro de la burocracia estatal, un edificio impoluto donde se supone que se trabaja por el bien de la comunidad, concretamente por la infancia. Pues bien, resulta que en Indiana, el Departamento de Servicios Infantiles se convirtió por un tiempo en una suerte de guarida secreta para cuatro de sus empleados, que decidieron darle un giro inesperado a su rutina laboral.
Nuestros protagonistas, unos genios del ocio clandestino, no se conformaron con la máquina de café o los chismorreos de pasillo. No, ellos aspiraban a algo más grande, más arriesgado, más… «V de Vendetta». Y así fue como, ni cortos ni perezosos, montaron una auténtica timba de juego en su propia oficina del condado de Vigo. Pero no una timba cualquiera, no señor. Para mantener el anonimato y añadir un toque de misterio, nuestros amigos utilizaban ni más ni menos que máscaras de Guy Fawkes, esas que se hicieron famosas por «V de Vendetta» y por ser el símbolo de Anonymous. ¡De película, vamos!
La idea era, por supuesto, evitar ser identificados por las cámaras de seguridad mientras se dedicaban a la noble labor de las apuestas online, el póker digital y, de paso, a descargar algo de «material para adultos» en los ordenadores de la oficina. Porque ya que te pones una máscara icónica, ¿por qué no aprovechar todos los servicios que el estado pone a tu disposición? La versatilidad, ante todo.
Esta épica historia de intriga y ludopatía de despacho salió a la luz gracias a un soplón anónimo, un héroe sin capa que no pudo soportar ver cómo la productividad y la ética laboral se iban al traste entre cartas de póker y disfraces. Tras el chivatazo, se inició una investigación que destapó todo el pastel, dejando al descubierto a los cuatro empleados disfrazados de conspiradores y a un quinto implicado en otras travesuras.
Las consecuencias, como era de esperar, fueron menos divertidas que sus sesiones de juego. Dos de los empleados fueron despedidos fulminantemente, con la reputación por los suelos y sin derecho a reenganche. Otros dos tuvieron que conformarse con una suspensión de 30 días sin sueldo, una pequeña penitencia por su creatividad clandestina. El quinto implicado también recibió su merecido por otros comportamientos indebidos.
Así que ya lo sabéis, la próxima vez que veáis a alguien con una máscara de Guy Fawkes, no asumáis que está planeando una revolución digital. Quizás, solo quizás, esté esperando su turno en la mesa de póker de la sala de reuniones. Eso sí, esperemos que el Departamento de Servicios Infantiles de Indiana haya aprendido la lección y ahora solo se juegue al parchís, y sin máscaras.
