Una semilla se coló entre unas prímulas en un jardín de Glasgow hace más de 170 años. Nadie la plantó, nadie la taló y hoy tiene premio nacional…
Vuelves de una excursión con unas plantas para el jardín, las metes en la tierra y, siglo y medio después, una de ellas es el árbol más votado del Reino Unido. Sin que nadie la plantara.
El Argyle Street Ash es un fresno común (Fraxinus excelsior) de más de 170 años que creció por su cuenta en el jardín delantero del número 1223 de Argyle Street, en el barrio glasgowiano de Finnieston, y que en septiembre de 2025 fue elegido Árbol del Año del Reino Unido en la votación pública que organiza la ONG Woodland Trust. En el barrio lo llaman «el único árbol de Argyle Street».
¿Cómo acabó un fresno colado en el jardín de un edificio?
La versión que se cuenta en Glasgow la recogió el cronista James Cowan: hacia 1855, los inquilinos recién mudados al tenement —los bloques de arenisca de la ciudad— trajeron de una excursión unas raíces de prímula para el jardincillo de delante. Entre la tierra viajaba, de polizón, una semilla de fresno.
Conviene decirlo: nadie ha documentado ese origen más allá del relato de Cowan, que lo describió en una columna recogida luego en su libro From Glasgow’s Treasure Chest (1951). Lo que sí vio de primera mano fue el árbol: ya entonces pasaba de los veinte metros y asomaba por encima del tejado.
Casi tan recto como el mástil de un barco. Es, con diferencia, el fresno más elegante que he visto. —James Cowan

¿Por qué sigue siendo el único árbol de la calle?
Argyle Street se estira más de tres kilómetros. El fresno sobrevivió a la industrialización del Clyde, a los bombardeos del Clydeside Blitz de 1941 y a décadas de reforma urbana por una razón nada heroica: ninguna generación decidió cortarlo. En 1980, según recogen el Woodland Trust y la prensa local, se convirtió en el primer árbol de Glasgow protegido por una orden de conservación.
Su enemigo de ahora es la chalarosa, el hongo que arrasa los fresnos europeos. La tiene, pero apenas le afecta: conserva más del 75% de la copa. Quienes lo cuidan no lo atribuyen a una resistencia propia, sino a que vive aislado —el fresno más cercano está a más de cien metros— y a que el tráfico y la limpieza viaria se llevan la hojarasca infectada. Ventajas de ser urbanita, como los árboles que germinan en los muros de Hong Kong.
¿Cuántos votos hacen falta para ser árbol del año?
Lo nominó David Treanor, arboricultor y fundador de Tree Wise Urban Forestry, una empresa de Paisley que lleva años cuidándolo. El fresno entró como candidatura comodín propuesta por el público, frente a nueve finalistas elegidas por un panel de expertos, y ganó con el 27% de más de 30.000 votos, en una edición cuyo lema era rooted in culture («enraizado en la cultura»).
El título le dio el billete para representar al Reino Unido en el European Tree of the Year 2026, y ahí se le puso cuesta arriba: quedó duodécimo, con 536 puntos. Ganó el roble de Laukiai, en Lituania, con 6.153.
Tampoco importa mucho el puesto. Una familia quiso unas flores en el jardín y le salió, sin pedirlo, el árbol más votado del país. Como aquel bosque que brotó en pleno desierto peruano, a veces basta con no estorbar.
Vía Woodland Trust, Westender Magazine, Tree Wise Urban Forestry, European Tree of the Year, Countryfile y Wikipedia.
Foto de portada: Talesfromthecanopy, CC BY-SA 4.0.




