
Imaginen la escena: uno acude al dentista, se tumba, le aplican la anestesia y, entre la neblina del sueño o la insensibilidad local, confía en que todo va a ir bien. ¿Lo último que esperarías? Que un fotógrafo, contratado para inmortalizar la evolución de tu sonrisa o la maestría del equipo médico, esté en realidad creando su propia galería de arte… con tu anatomía más privada como modelo. Pues, agárrense los empastes, porque esto ha ocurrido en el mismísimo Centro Dental Nacional de Singapur.
El protagonista de esta peculiar historia es un fotógrafo a sueldo del centro, cuyo nombre, afortunadamente para él, no ha trascendido. Su labor oficial era documentar procedimientos dentales para fines promocionales y educativos, vamos, lo típico. Pero parece que este artista de la lente tenía una visión… algo más ‘íntima’ de su trabajo. Durante dos largos años, entre 2011 y 2013, este profesional se dedicó a fotografiar las zonas íntimas de las pacientes mientras estas estaban, digamos, incapacitadas para objetar, ya fuera por anestesia general o local.
La cosa es que no se lo guardaba en un rincón oscuro de su mente. No, señor. El hombre guardaba estas imágenes como «piezas de arte personal». Sí, han leído bien. Unas obras maestras secretas, capturadas sin consentimiento y bajo la presunción de confianza médica. La fiesta, como suele ocurrir, no duró para siempre. Fue en mayo cuando un miembro del personal, probablemente revisando algo rutinario, tropezó con algunas de estas «obras» y la profesionalidad del asunto cayó por los suelos. Imágenes «poco profesionales» fue el eufemismo que utilizaron.
El centro, ni corto ni perezoso, actuó con la celeridad de un taladro de alta velocidad: despido fulminante y denuncia a la policía. Además, iniciaron una investigación interna digna de una película de espías, revisando la friolera de 38.000 imágenes tomadas por el fotógrafo. El resultado fue que se identificaron «menos de 100 imágenes» consideradas inapropiadas, pero aquí viene el «lado bueno» (si es que lo hay): las fotos no revelaban la cara ni la identidad de las pacientes. Un pequeño consuelo, supongo.
El NDC se puso en contacto con las afectadas, ofreciendo disculpas y asistencia, incluyendo asesoramiento, porque, seamos sinceros, enterarse de que tu cuerpo ha sido objeto de ‘arte’ sin tu permiso mientras estabas en la consulta del dentista es, cuanto menos, un shock. Las investigaciones policiales siguen en curso, mientras uno se queda pensando si la próxima vez que abra la boca, debería especificar claramente que no desea ser el siguiente modelo para una exposición fotográfica… de arte muy, muy personal.
