Durante décadas, el esmalte sobrante se apelmazó en las cabinas de pintura de Detroit hasta formar un bloque que hoy se corta y se pule como un ágata…
Hay piedras de colores que se venden pulidas y montadas en anillos, con vetas onduladas que parecen un ágata de manual. No lo son. La fordita es pintura de coche: capas de esmalte sobrante que se acumularon durante décadas en las cabinas de pintura de las fábricas de automóviles, se endurecieron a fuerza de horno y hoy se cortan y se pulen como si fueran mineral.
También la llaman ágata de Detroit. Y no queda ni un gramo nuevo, porque la manera de pintar coches que la producía desapareció hace unas cuatro décadas.
¿Cómo se forma una piedra hecha de pintura de coche?
Desde los años veinte, las carrocerías se pintaban a pistola y a mano. Buena parte del esmalte nunca llegaba al coche: se quedaba flotando y aterrizaba en los raíles y las bandejas por las que las carrocerías avanzaban dentro de la cabina.
Cada carrocería pasaba después por el horno de curado y la costra de alrededor se cocía con ella. Al día siguiente, otra capa, y otro horneado. Así, decenas y decenas de veces, hasta convertir el pegote en una losa dura y rayada como un sedimento.
Ninguna de estas piedras se formó bajo tierra: todas salieron de una cabina de pintura.
Cuando el bloque crecía tanto que estorbaba el paso de los coches, había que picarlo y tirarlo. Algunos operarios se dieron cuenta de que aquel desecho, cortado y pulido, tenía vetas. Las primeras piezas se recogieron en fábricas de Ford, y de ahí salió el nombre —Ford más el sufijo de los minerales—, aunque hoy se aplica al material de cualquier fábrica de coches.
¿Por qué ya no se fabrica fordita?
Porque a lo largo de los años ochenta las fábricas abandonaron el pistoleo a mano y pasaron a cabinas robotizadas con aplicación electrostática: el esmalte sale cargado eléctricamente y lo atrae la carrocería, en lugar de dispersarse por la cabina. Gasta menos y casi no deja sobrante. Sin desperdicio no hay fordita.
Así que existe una cantidad fija de un material que la industria del automóvil fabricó sin querer y dejó de fabricar en cuanto aprendió a no desperdiciar pintura. Lo que circula hoy sale de plantas cerradas y de colecciones particulares.

¿Cuánto cuesta un trozo de fordita?
El material en bruto es barato para lo que aparenta: se vende desde unos veinte dólares hasta varios cientos, según el tamaño y lo vistosas que sean las capas. La joyería ya montada se va a bastante más. Y no es un mineral, así que su dureza no está medida de forma formal: es pintura endurecida, aunque aguanta el corte y el pulido sin quejarse.
Los coleccionistas la datan por el color. La de los primeros tiempos sale apagada, en tonos neutros. La de los años sesenta y setenta, cuando la gente quería coches de colores, es la más buscada: metalizados y tonos vivos. También se distingue por fábrica, porque cada planta pintaba su propia gama y dejaba su propia combinación de rayas.
Es, mirándolo bien, el fósil de una manera de trabajar. Cada franja de esa piedra fue un coche que alguien pintó a mano, y quien compra un colgante de fordita se está colgando del cuello un montón de restos rescatados de una fábrica que ya no existe.
Vía Neatorama, National Jeweler, Jalopnik, Rock & Gem, JCK, Geology Science y Fordite.com.
Foto de portada: James St. John, CC BY 2.0.




