Folsom ficha a un niño de 8 años como oficial de prisiones honorífico

Folsom ficha a un niño de 8 años como oficial de prisiones honorífico
Jeremy Wuitschick, un niño de 8 años que salvó a sus compañeros al tomar el control de un autobús escolar cuyo conductor se desmayó, fue nombrado oficial honorífico de la prisión estatal de Folsom. Recibió una insignia y uniforme, disfrutando de una visita guiada como reconocimiento a su valentía.
0
0

¿Imaginas a un chaval de ocho años campando a sus anchas por una de las prisiones más famosas de California? Pues no es la trama de una nueva película de Disney, ¡es lo que le pasó a Jeremy Wuitschick! Este pequeño héroe, que aún está aprendiendo a atarse los cordones, ya puede presumir de haber sido oficial honorífico de la Prisión Estatal de Folsom. Y no, no fue por robar galletas, sino por una proeza que dejó a más de uno con la boca abierta.

La historia de Jeremy es de esas que te arrancan un «¡ole tú!» en voz alta. En un día aparentemente normal, mientras volvía a casa en el autobús escolar, el conductor sufrió una emergencia médica y se desmayó al volante. Imagina el pánico, ¿no? Pues nuestro Jeremy, con la calma de un agente de la ley experimentado y la valentía de un vikingo en miniatura, se lanzó al rescate. Tomó el control del volante y, con una mezcla de instinto y pura suerte, logró dirigir el autobús hasta un lugar seguro, evitando un desastre que podría haber sido gordo. ¡Ahí es nada!

Ante semejante hazaña, en Folsom decidieron que el valor de Jeremy no podía pasar desapercibido. Así que le ofrecieron un puesto que ni en sus sueños más locos se hubiera imaginado: ser oficial correccional honorífico por un día. Imagínate la escena: un niño de ocho años, con su insignia reluciente y un uniforme hecho a medida, recorriendo los pasillos de una prisión con la misma seriedad (o más) que los guardias de verdad. Su madre y su abuelo, seguro que con el pecho hinchado de orgullo, le acompañaron en esta experiencia tan surrealista como merecida.

Durante su visita, Jeremy no solo se llevó una insignia que le acredita como el ‘boss’ por un día, sino que también tuvo la oportunidad de conocer de cerca el funcionamiento de la prisión. Quién sabe, igual la experiencia le sirvió para decidir si de mayor quiere ser astronauta, bombero o, quién sabe, ¡el nuevo director de Folsom! Lo que está claro es que Jeremy demostró que no hace falta tener una barba canosa ni un carné de conducir para ser un héroe de los pies a la cabeza. Un aplauso para este campeón que nos recuerda que la valentía viene en todos los tamaños.