
Amigas y amigos amantes del ‘slow living’, tenemos malas noticias si planeáis un viaje a Eslovaquia. Resulta que en este país centroeuropeo la Dirección General de Tráfico local decidió que el concepto de ‘dar un paseo’ estaba pasado de moda y que la eficiencia es lo primero. Sí, la República Eslovaca ha ido un paso (nunca mejor dicho) más allá en sus regulaciones de tráfico al aplicar algo que, conceptualmente, es un límite de velocidad a los peatones. Y no, no es el Día de los Inocentes.
Olvidaros de ese paseo contemplativo mirando escaparates, o de deteneros en mitad de la acera para enviar un audio de dos minutos a vuestra madre. El meollo de la cuestión es que, dentro de una revisión general de las leyes de tráfico, las autoridades han incluido normas destinadas a multar a aquellos caminantes que decidan pasear como si el tiempo se hubiera detenido, o a los que hagan un uso ‘ineficiente’ del espacio público.
El espíritu de la ley no es precisamente exigir que los ciudadanos vayan a ritmo de maratón, sino evitar las obstrucciones. La normativa está enfocada a garantizar el flujo constante, tanto en calzadas como en aceras. La idea es simple: si usted es de los que se quedan parados en mitad de una zona concurrida, o camina tan pausadamente que provoca un atasco de personas detrás, prepárese para la bronca o, peor aún, para la multa correspondiente por obstaculizar. Vamos, que si eres de esos que camina en zigzag mirando el móvil sin reparar en el resto del universo, Eslovaquia no es tu sitio ideal.
En resumen, mientras que la mayoría de países europeos se preocupan por si los coches van muy rápido, en Eslovaquia también les preocupa si los humanos van muy lentos. Parece que el lema es: ‘Circula, pero con dignidad… y a un ritmo decente’. Eslovaquia: donde hasta para ser un ‘flâneur’ necesitas tener un poco de prisa.
