En Este Pueblo Francés, Nombrar a tu Hijo es Cosa de Leyenda (y de Bolsillo)

En Este Pueblo Francés, Nombrar a tu Hijo es Cosa de Leyenda (y de Bolsillo)
Un pueblo francés, Saint-Georges-de-Miniac, insta a los padres a usar nombres medievales de su leyenda local. Si eligen uno, el bebé recibe un regalo. Si no, los padres pagan 20€ para proyectos patrimoniales. Una iniciativa peculiar para mantener viva su historia, generando debate entre lo divertido y lo intrusivo.
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Agárrense, amantes de las tradiciones y las excentricidades, porque en la Bretaña francesa han dado con una idea para mantener viva su historia que bien podría ser guion de comedia. En el encantador pueblo de Saint-Georges-de-Miniac, la cosa va de nombres de bebé, sí, pero no de la forma habitual. Aquí, si quieres que tu retoño sea bien recibido por las costumbres locales (y por el bolsillo), más vale que eches un ojo a la lista de nombres medievales que propone el ayuntamiento.

La culpa de todo la tiene una vieja leyenda, la del temible Dragón de Miniac, que, por supuesto, fue derrotado por el mismísimo San Jorge, quien le dio nombre al pueblo. Para que esta épica historia no caiga en el olvido, el alcalde, Olivier Bizeul, ha tenido la brillante idea de ligar el nombramiento de los futuros habitantes a esta tradición. Así, los padres pueden elegir nombres de una lista extraída directamente de la leyenda: Georges o Georgina, por supuesto, pero también Miniac (en honor a la princesa salvada), Ruelen, Morgane, y otros tantos que suenan a caballería y damiselas en apuros.

Y aquí viene lo bueno, lo que le da el toque especial: si los padres son ‘obedientes’ y eligen un nombre de esta venerable lista, el recién llegado a la familia recibirá un paquete de bienvenida cortesía del pueblo. ¡Un detalle la mar de mono! Pero, si por el contrario, los papás deciden que su pequeño se llamará Kevin, Aitana o cualquier otro nombre que no figure en el tomo de leyendas medievales, tendrán que rascarse el bolsillo. ¿La sanción? Una «penalización simbólica» de 20€ destinada a proyectos de patrimonio local.

El alcalde Bizeul se apresura a aclarar que no es una obligación legal, más bien una «sugerencia» con un «simbólico» peaje por la causa. Al fin y al cabo, la libertad de elegir nombre es sagrada, incluso en Saint-Georges-de-Miniac. La iniciativa, que entrará en vigor el año que viene (2025), ya está dando que hablar. Algunos padres lo encuentran «divertido» y una forma original de involucrarse con el patrimonio, mientras que otros lo ven un poquito «intrusivo».

Sea como fuere, lo que está claro es que Saint-Georges-de-Miniac ha logrado su objetivo: poner la mirada de medio mundo sobre su peculiar forma de preservar una leyenda. Solo el tiempo dirá cuántos pequeños Georges y Miniacs (y cuántos euros para el patrimonio) traerá esta curiosa mezcla de historia, humor y un poquito de ‘chantaje’ emocional por el bien de la tradición.