El Zoo que Mantiene Feliz a su Orca Solitaria con Estimulación Manual

El Zoo que Mantiene Feliz a su Orca Solitaria con Estimulación Manual
En Canadá, el zoo Marineland combate la soledad de Kiska, su última orca, con un polémico método: la estimulación sexual manual. Según un extrabajador, esta práctica forma parte de su rutina de 'enriquecimiento' para mantenerla 'feliz', desatando un intenso debate sobre el bienestar animal en cautiverio.
0
0

Imagínate ser la última de tu especie en un lugar. Sola. Aburrida. Así es la vida de Kiska, la orca que ostenta el triste título de ‘la más solitaria del mundo’ en el zoo Marineland de Niagara Falls, en Canadá. Desde que su última compañera falleció en 2011, Kiska vive en un aislamiento que preocupa a expertos y animalistas. Ante una situación tan deprimente, sus cuidadores han ideado un plan de ‘bienestar’ que, como poco, ha dejado a todo el mundo con la boca abierta.

La solución que han encontrado en el zoo para mantener a Kiska ‘feliz’ y ‘ocupada’ es, digamos, de alto contacto. Según ha revelado Phil Demers, un antiguo entrenador del parque, los cuidadores le proporcionan estimulación sexual manual como parte de su rutina diaria. Sí, has leído bien. Demers describe esta práctica como una especie de ‘relación de sustitución sexual’, un intento de paliar la extrema soledad y el aburrimiento del animal.

Aunque esta técnica no es desconocida en la industria de los mamíferos marinos, donde se utiliza habitualmente para la recogida de muestras de semen con fines reproductivos, en el caso de Kiska el objetivo es puramente de ‘enriquecimiento’. Se trata de un intento, cuanto menos peculiar, de llenar el enorme vacío social que sufre esta orca, un animal conocido por su compleja vida en comunidad.

Como era de esperar, la polémica está servida. Las organizaciones de defensa de los animales han puesto el grito en el cielo, calificando la situación de inaceptable y exigiendo que Kiska sea trasladada urgentemente a un santuario marino o a una instalación donde pueda interactuar con otros de su especie. Sin embargo, el zoo se defiende. La dirección de Marineland alega que un traslado sería extremadamente arriesgado y estresante para un animal de su edad y condición, y aseguran que está perfectamente cuidada.

Mientras tanto, Kiska sigue en su piscina de Canadá, atrapada en un limbo burocrático y existencial, con un programa de enriquecimiento que redefine los límites de la relación entre humanos y animales. Una historia que nos hace preguntarnos hasta dónde estamos dispuestos a llegar para gestionar las consecuencias del cautiverio.