El Volvo que se convirtió en isla: la historia sueca más surrealista

El Volvo que se convirtió en isla: la historia sueca más surrealista
En Suecia, un Volvo 240 GL olvidado en un granero acabó siendo una isla en un lago artificial. Su dueño, Göran Gustavsson, vendió el terreno sin recordar el coche, que ahora emerge del agua. La "isla Volvo" se ha vuelto una peculiar atracción turística, para asombro y risas de todos, incluido su despreocupado propietario.
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¿Alguna vez te has olvidado de algo importante? ¿Quizás las llaves, la cartera, o esa reunión de Zoom? Pues imagínate olvidar un coche entero. Y no un coche cualquiera, sino un clásico Volvo 240 GL de 1990 que acaba convirtiéndose en… ¡una isla! Sí, en la vida real. Esto es lo que le ha pasado a un señor en Suecia, y la historia es tan inverosímil que parece sacada de un guion de comedia nórdica.

Conoced a Göran Gustavsson, un tipo que probablemente tenga más paciencia que un santo y un sentido del humor a prueba de bombas. Göran había sido el orgulloso propietario de este Volvo desde que salió del concesionario. Una joyita sueca, para qué engañarnos. Lo guardó en su granero, como se hace con los tesoros que uno no quiere desechar pero tampoco usa ya a diario. El tiempo pasó, y con él, la memoria del bueno de Göran sobre su fiel compañero de cuatro ruedas.

Aquí es donde la trama se complica. Resulta que la municipalidad local de Långasjönäset, en Blekinge, tuvo la brillante idea de construir una presa y crear un flamante lago artificial para generar electricidad. El proyecto era ambicioso y requería la adquisición de terrenos. Göran, como buen ciudadano, vendió una parcela de su propiedad. Desmanteló el granero y retiró la mayoría de sus pertenencias, pero… ¡oh, sorpresa! El Volvo, cual fantasma sueco, seguía ahí, en la parte que no vendió, pero que quedaba en la zona destinada a ser inundada.

El agua subió, subió y subió, y el pobre Volvo quedó sumergido en las profundidades de este nuevo lago. Nadie se dio cuenta. Días, semanas, meses… hasta que, caprichos de la naturaleza y de la ingeniería, los niveles del agua descendieron. Y entonces, como si de un submarino oxidado se tratase, ¡apareció el techo del Volvo! Una especie de montículo metálico sobresaliendo del agua, en medio del lago. La «Isla Volvo» había nacido.

Desde entonces, este clásico sueco olvidado se ha convertido en una auténtica celebridad local. Kayakistas y aficionados al paddle surf, en lugar de buscar playas vírgenes, ahora reman con entusiasmo hacia el «Volvo Island in Blekinge» para hacerse la foto de rigor. ¿Y Göran? Lejos de lamentarse, se lo toma con una filosofía envidiable. «Es bastante gracioso, la verdad», comenta con una sonrisa. «Si estuviera en un lugar donde molestara a la gente, lo quitaría, pero aquí no está haciendo daño a nadie». Incluso ha bromeado con ponerle una bandera. ¡Todo un visionario!

Claro, no faltan las voces preocupadas por el impacto ambiental de un coche sumergido. ¿Y el aceite? ¿Y la batería? Pero Göran, previsor él (o al menos así lo recuerda), asegura que el coche fue vaciado de líquidos antes de su «inmersión». Así que, por ahora, parece que la isla Volvo es más una anécdota simpática que un problema ecológico.

Así que ya lo sabes, la próxima vez que estés por Blekinge, Suecia, y veas una pequeña isla con forma de coche, no es un espejismo. Es la prueba viviente de que, a veces, el despiste más grande puede crear la atracción turística más original. ¡Larga vida a la Isla Volvo!