
En el mundo de los juicios y las defensas legales, uno espera argumentos complejos, coartadas sólidas o, en el peor de los casos, un silencio elocuente. Pero de vez en cuando, surge un caso que desafía toda lógica y nos deja con la boca abierta. Preparad las palomitas, porque la historia de Robert Anthony Allen es de esas que te hacen dudar si estás leyendo el periódico o el guion de una comedia negra.
Nuestro protagonista, el señor Allen, de 47 años y residente en Nashville, Tennessee, se vio envuelto en un pequeño lío: una acusación de violación. Ante tal panorama, ¿qué hace una persona? ¿Contratar un abogado de primera? ¿Preparar una estrategia infalible? Nah, Robert decidió ir a lo grande y presentar… ¡una declaración jurada prometiendo que no volvería a hacerlo! Sí, habéis leído bien. Ante el Tribunal de Sesiones Generales del Condado de Davidson, este hombre juró y perjuró que lo de la violación no se repetiría.
El documento, digno de enmarcar en la sección de ‘Perlas Legales Absurdas’, decía así: «Yo, Robert Anthony Allen, juro bajo juramento que nunca más cometeré este crimen. Lamento lo que he hecho. Y no debería haberlo hecho. Juro bajo pena de perjurio que esto no volverá a ocurrir. Pido disculpas a la víctima y a la familia de la víctima, y a todos los involucrados. Nunca más cometeré este crimen. Pido disculpas al estado de Tennessee. Y al Fiscal del Distrito y al Departamento de Policía, nunca más cometeré este crimen. Esto no volverá a ocurrir. Acepto la responsabilidad y sé que lo que hice estuvo mal. Pido disculpas a las víctimas de nuevo. Esto no volverá a ocurrir. No tengo problemas de ira. Necesito ayuda con algo». Un ‘mea culpa’ extendido, con promesas reiteradas y hasta una confesión de necesitar ayuda, aunque paradójicamente sin admitir un problema de ira. Qué cosas.
El problema, o «la gota que colma el vaso», es que estas disculpas tan sentidas llegaron después de que la policía ya tuviera su caso bastante atado. La víctima relató a las autoridades que, mientras volvía a casa de la parada del autobús, Allen la arrastró a un campo, la estranguló, la amenazó con un cuchillo y la violó. Las pruebas no dejaban mucho a la imaginación: vídeos de vigilancia que lo identificaron y, para rematar, ¡sus propias huellas dactilares encontradas en la escena del crimen!
Así que, a pesar de su promesa escrita con puño y letra de «no volveré a hacerlo», Robert Anthony Allen se enfrenta a cargos de violación y secuestro agravado. Actualmente, se encuentra detenido con una fianza de 250.000 dólares. Su «promesa» es tan solo una curiosa nota a pie de página en un caso muy serio, que, sin duda, pasará a los anales de la historia judicial por su insólita defensa. Una cosa es pedir perdón, y otra muy distinta es pensar que una disculpa escrita te va a librar de las consecuencias de tus actos, especialmente cuando las pruebas son tan contundentes.
