El vino de altar católico se convierte en la bebida de moda para el botellón juvenil

El vino de altar católico se convierte en la bebida de moda para el botellón juvenil
La Iglesia en County Donegal, Irlanda, tuvo que sustituir su vino de altar tradicional. Los jóvenes lo descubrieron como una alternativa barata y fuerte para emborracharse, lo que llevó al párroco a cambiarlo por una opción de baja graduación alcohólica para frenar el ‘botellón sacramental’.
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Si creías que lo habías visto todo en cuanto a modas etílicas, prepárate para esta joya que nos llega desde Irlanda, concretamente desde County Donegal. Los sacerdotes de la parroquia de San Patricio en Murlog, Lifford, se encontraron con un problema inesperado en sus manos: su vino de misa había dejado de ser un mero elemento de la Eucaristía para convertirse en la estrella de los botellones juveniles.

La historia es tan extravagante como real. Resulta que los adolescentes de la zona, muy espabilados ellos, descubrieron el filón en el vino de altar Lourdes. Este tipo de caldos, utilizados en las ceremonias católicas, suelen tener una graduación bastante decente (alrededor del 15%) y, lo que es más importante para la economía de bolsillo de un quinceañero, eran increíblemente baratos y muy fáciles de conseguir en supermercados y licorerías de la zona. Hablamos de una opción mucho más rentable que cualquier bebida alcohólica reglamentaria.

El resultado fue un auténtico ‘boom’ de consumo. Los jóvenes se estaban pillando unos buenos pedales con el vino sacramental, lo que generó un aumento en los problemas de orden público y, por supuesto, dejó las calles llenas de botellas de ‘Lourdes’ vacías. Básicamente, habían encontrado el atajo perfecto para la juerga.

Ante semejante desmadre, el párroco local, el Padre Declan Lafferty, tuvo que intervenir. No podía seguir alimentando, aunque fuera de forma indirecta, el alcoholismo juvenil con los elementos del sacramento. La solución fue tan drástica como lógica: reemplazar el potente vino tradicional por una alternativa de muy bajo contenido alcohólico.

El cambio, por suerte, no supuso un cisma dentro de la Iglesia. Las leyes canónicas permiten el uso de vinos de baja graduación para la misa, siempre y cuando estén hechos a base de uva. Así que, mientras que la fe sigue intacta, el ‘negocio’ del vino fuerte y barato se ha terminado para la muchachada de Donegal. Una pena para ellos; una victoria para las sobrias tradiciones eclesiásticas. Ya no habrá más brindis por la Santa Misa en los parques locales.