
Si pensabas que el servicio de mensajería rápido era eficiente, es porque no conoces la historia de este hombre. Las autoridades británicas, en un ejercicio de férreo control fronterizo, lograron expulsar a un migrante hacia territorio francés. Todo muy serio, muy protocolario, con escolta y papeleo. El problema es que el protagonista de esta saga tenía prisa y, aparentemente, unos planes de fin de semana que no incluían la costa gala.
El hombre fue formalmente retirado del Reino Unido, cruzando el Canal de la Mancha en dirección a Francia. Sin embargo, su estancia en suelo francés fue más corta que una pausa publicitaria. Apenas 40 minutos después de su ‘mudanza’ forzosa, el individuo ya estaba de vuelta, navegando en dirección a Dover. Sí, has leído bien: cuarenta minutos. Lo que a un ferry de pasajeros le cuesta más de una hora, este caballero lo resolvió en menos tiempo del que se tarda en cocinar pasta.
El audaz ‘repatriado’ logró cruzar el estrecho a bordo de una pequeña embarcación, en lo que muchos expertos ya consideran el récord Guinness de la deportación más ineficaz de la historia moderna. Cuando fue interceptado de nuevo por las patrullas británicas, las caras de los agentes debían ser un poema de burocracia frustrada. Es la pesadilla logística perfecta: dedicar recursos a una expulsión para que el deportado te dé el cambiazo y vuelva casi antes de que hayas podido guardar el bolígrafo.
Esta increíble hazaña pone de manifiesto la complejidad y, en ocasiones, el toque surrealista que rodea la gestión migratoria en el Canal. Después de todo el esfuerzo invertido en su retirada, el sistema británico ha descubierto que, para algunos, la frontera es simplemente una puerta giratoria, y 40 minutos es todo lo que se necesita para dar un paseo de ida y vuelta a Francia.
