El último adiós al céntimo: un funeral de broma que fue más una fiesta

El último adiós al céntimo: un funeral de broma que fue más una fiesta
Cientos de personas asistieron a un funeral simulado para el céntimo de dólar frente a la Casa de la Moneda de EE. UU. en Filadelfia. Organizado para protestar por su alto coste de producción y su falta de valor práctico, el evento fue sorprendentemente festivo, con disfraces, ataúd y emotivos pero cómicos "elogios" a la pobre moneda.
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Agárrense, amantes de lo insólito, porque la historia que os traemos hoy es de esas que te hacen soltar una carcajada mientras te preguntas «pero, ¿por qué?». Imagina la escena: Filadelfia, la Casa de la Moneda de Estados Unidos y, de repente, una procesión funeraria. ¿Quién ha fallecido? ¿Un personaje ilustre? ¿Un animal de compañía con más vidas que un gato? ¡Pues no! El protagonista (o, mejor dicho, el «difunto») era ni más ni menos que el humilde céntimo de dólar, la moneda de un penique. Sí, has leído bien: ¡un funeral para una moneda!

El pasado 26 de octubre de 2013, la ciudad del amor fraternal fue testigo de un evento que rayaba entre lo absurdo y lo genialmente ingenioso. Cientos de personas se congregaron frente al imponente edificio de la Casa de la Moneda para darle el «último adiós» a este pequeño trozo de cobre (o más bien, de zinc recubierto de cobre, para ser exactos). La mente maestra detrás de esta hilarante despedida fue el grupo «Reform the Red Tape», cuya misión era sencilla: denunciar la absoluta sinrazón de seguir produciendo una moneda cuyo coste de fabricación supera su propio valor nominal. En otras palabras, ¡hacer un céntimo cuesta más de un céntimo! Si eso no es una tragedia económica digna de un velatorio, que baje Dios y lo vea.

Pero no os creáis que fue un funeral al uso, con caras largas y pañuelos en ristre. ¡Qué va! La atmósfera era, sorprendentemente, de lo más festiva. Podías encontrarte con gente disfrazada de céntimos gigantes, algún que otro Abraham Lincoln (el de la moneda, claro está) dando un «elogio» que te partías de risa, y hasta una versión del mismísimo Gran Segador con un ataúd pequeñito, pero lleno de céntimos. Sí, hubo un ataúd, un coche fúnebre y hasta gaitas entonando melodías melancólicas que contrastaban a la perfección con el jolgorio general. Era un funeral que, en lugar de lágrimas, sacaba sonrisas y reflexiones sobre lo «pesado» que resulta el céntimo, no solo en el bolsillo, sino también para el contribuyente.

Entre los «dolientes» y oradores, destacaron figuras como el Representante Joe Heck, quien no dudó en señalar lo disparatado de la situación económica del céntimo. También intervino Barry Popik, un lingüista que disertó sobre la historia y la futilidad actual de la moneda, y un estudiante de la Universidad de Pensilvania disfrazado de Lincoln que pidió su «jubilación» honorable. Vamos, que la cosa iba en serio… pero con mucho cachondeo.

Este funeral tan peculiar sirvió para poner el foco en un debate que ya había llevado a Canadá a retirar su propio céntimo. Y es que, ¿para qué queremos una moneda que es «calderilla», que nadie usa y que nos cuesta más dinero producir que el valor que representa? Así que, aunque el céntimo aún respira en Estados Unidos (o respiraba en 2013, al menos), este «funeral de broma» fue un recordatorio brillante y cómico de que, a veces, para que algo descanse en paz, solo hace falta un buen espectáculo. ¡Que la gracia y el coste-beneficio lo acompañen!