El turista del Capitolio que se llevó el atril de Pelosi de recuerdo ya tiene condena

El turista del Capitolio que se llevó el atril de Pelosi de recuerdo ya tiene condena
Adam Johnson, el hombre que dio la vuelta al mundo tras ser fotografiado cargando con el atril de Nancy Pelosi durante el asalto al Capitolio, ha sido sentenciado a 75 días de cárcel. El juez también le impuso una multa de 5.000 dólares por su particular hazaña mobiliaria.
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Hay selfis que salen caros, pero el de Adam Johnson se lleva la palma en cuanto a repercusión mediática. Este ciudadano de Florida se convirtió en el protagonista de uno de los memes más surrealistas de la historia reciente de Estados Unidos, y ahora ya conoce su destino judicial tras aquel paseo triunfal por los pasillos del poder.

Un souvenir de lo más aparatoso

Aquel 6 de enero de 2021, Adam decidió que no bastaba con estar presente en el asalto al Capitolio; él necesitaba un recuerdo tangible. Ni corto ni perezoso, agarró el atril de Nancy Pelosi, entonces presidenta de la Cámara de Representantes, y se lo llevó bajo el brazo con una sonrisa de oreja a oreja mientras saludaba a las cámaras. Una jugada que, si bien le dio fama mundial instantánea, facilitó enormemente el trabajo de identificación del FBI.

El precio de la mudanza improvisada

La broma de cargar con el mobiliario institucional le ha costado finalmente una condena de 75 días de prisión. Pero el castigo no termina en la celda: el juez federal también le ha impuesto una multa de 5.000 dólares y la obligación de cumplir 200 horas de servicio comunitario. Parece que el transporte no autorizado de muebles gubernamentales tiene una tarifa bastante elevada en el sistema judicial estadounidense.

Durante el proceso, el magistrado dejó claro que la acción de Johnson no fue una simple anécdota divertida, sino un acto de desprecio hacia las instituciones democráticas. Aunque Adam intentó mostrar arrepentimiento calificando su conducta como una decisión estúpida, la justicia ha preferido que reflexione sobre su sentido de la decoración y el respeto institucional desde un centro penitenciario.

El caso de Johnson se volvió icónico no solo por lo absurdo de la imagen, sino por representar la desconcertante mezcla de vandalismo y búsqueda de atención en redes sociales que caracterizó aquella jornada. Ahora, tras el veredicto, el famoso atril podrá descansar tranquilo sabiendo que su captor pasará una temporada a la sombra.