
Tenemos aquí a un ciudadano de Salt Lake City (Utah) que se ha convertido en el nuevo maestro del “hágaselo usted mismo” del sector sanitario. En lugar de rellenar formularios, navegar por seguros médicos complejos o, peor aún, pedir una cita, este hombre optó por un método mucho más directo y, para qué negarlo, inflamable.
Los detalles de la hazaña son de traca. El hombre se presentó en una iglesia local con la mente muy clara: necesitaba asistencia médica urgente. Y como pagar la factura no entraba en sus planes ni en su presupuesto, decidió que la mejor consulta médica era, curiosamente, la cárcel. Para asegurarse la “cita” con las autoridades, empezó a romper ventanas de la iglesia a conciencia.
Pero el vandalismo, al parecer, no le pareció suficiente garantía. Por si acaso los agentes de la ley no captaban la indirecta, decidió aumentar la apuesta y echó gasolina por la propiedad, creando un peligro inminente de incendio. Seamos sinceros, si la policía no te detiene inmediatamente por destrozar vidrios, el olor a combustible siempre acelera el proceso.
Cuando finalmente fue detenido, y sin ningún tipo de tapujo ni necesidad de abogado, explicó a los agentes su lógica brillante (o terriblemente desesperada): estaba harto de su situación médica y sabía que, una vez bajo custodia, el Estado se haría cargo de sus gastos de salud. En resumen, destrozar propiedad privada y provocar un peligro de incendio fue su modo de solicitar un chequeo médico gratuito y de evitar la ruina económica que implica ponerse malo en Estados Unidos.
Este incidente es un drama con tintes de comedia negra que subraya, una vez más, las maravillas y las paradojas del sistema sanitario estadounidense. Un ejemplo de manual de cómo la necesidad agudiza el ingenio, incluso cuando ese ingenio implica pasar una temporada a la sombra por destrozar una propiedad religiosa y esparcir hidrocarburos.
