El Tribunal Penal Internacional se echa para atrás con los crímenes de guerra británicos en Irak

El Tribunal Penal Internacional se echa para atrás con los crímenes de guerra británicos en Irak
El Tribunal Penal Internacional ha cerrado definitivamente su investigación sobre supuestos crímenes de guerra de tropas británicas en Irak, alegando falta de pruebas y que Reino Unido ya ha investigado. A pesar de miles de acusaciones, ninguna investigación británica llevó a cargos, lo que provoca críticas por un "golpe catastrófico a la justicia" pero la satisfacción del gobierno británico.
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¡Hola, amantes de lo insólito y las vueltas de tuerca judiciales!

Prepárense, porque hoy os traemos una de esas noticias que te hacen levantar una ceja y pensar ‘¿En serio?’. El Tribunal Penal Internacional (TPI), esa institución que suena a ‘aquí no se escapa ni el tato’, acaba de cerrar la puerta a una investigación preliminar sobre los supuestos crímenes de guerra cometidos por tropas británicas en Irak entre 2003 y 2008.

Y la razón, queridos lectores, es para enmarcar: ‘falta de pruebas’ y porque Reino Unido, según ellos, ya está ‘investigando genuinamente’ sus propios trapicheos. Es decir, que como los británicos ya se están ‘encargando’ del asunto, el TPI decide que no hace falta meterse. ¡Menos mal que existe la complementariedad!

Espera un segundo, ¿investigando genuinamente? Aquí viene la parte jugosa. Las acusaciones no eran precisamente poca cosa: desde matar ilegalmente a detenidos hasta maltratar brutalmente a civiles iraquíes. Hablamos de miles de alegaciones que se fueron acumulando con los años, presentadas por abogados y grupos de derechos humanos.

El quid de la cuestión es la famosa ‘complementariedad’ del TPI. En cristiano: ellos solo se meten si los tribunales nacionales no quieren o no pueden investigar. Y claro, el argumento es que el Reino Unido, por muy mal que lo haga, está ‘en ello’.

El problema es que las investigaciones británicas, con nombres tan rimbombantes como ‘Operación Northmoor’ u ‘Operación Nightingale’, fueron, digámoslo suavemente, un despropósito. Tras examinar 1.235 casos, ¿adivina cuántos acabaron en procesamiento? ¡Cero! CERO cargos. Conclusión: el equipo de alegaciones históricas de Irak (IHAT) se cerró en 2017 sin un solo cargo. Ni uno. Vamos, que la ‘investigación genuina’ parece que se quedó en un intento de buscar las gafas sin montura en la oscuridad.

Como era de esperar, los grupos de derechos humanos están que trinan. Lo llaman ‘un golpe catastrófico a la justicia’ y dicen que el TPI ha caído en las ‘falsas promesas’ del Reino Unido. Consideran que se han desaprovechado miles de acusaciones de tortura y asesinato. Un chasco, vaya, para quienes esperaban algo de luz en el asunto.

Pero no todo el mundo está triste. El secretario de Defensa británico, Ben Wallace, estaba encantado con la decisión y proclamó que la misma ‘vindica a nuestras fuerzas armadas’. Entendemos que con ‘vindicar’ se refería a ‘salirse de rositas’ en la práctica, aunque el fondo del asunto siga siendo un agujero negro sin resolver.

Incluso el propio fiscal del TPI, Karim Khan, admitió que las investigaciones internas británicas se encontraron con ‘numerosos obstáculos legales y prácticos’. Pero aún así, concluyó que no podía decir que no quisieran investigar de verdad. Será que la fe mueve montañas… o archiva casos. Porque a pesar de reconocer esas barreras, el veredicto final es que el Reino Unido ya hace lo que puede.

Y para añadirle más salseo a la historia: la firma de abogados Public Interest Lawyers (PIL), que fue la que llevó muchas de las acusaciones iniciales al TPI, ¡acabó siendo cerrada por mala conducta tras una investigación por malas prácticas! Se ve que la trama era más enrevesada de lo que parecía y no hay un solo lado de la historia que sea intachable.

Así que, resumen de la función: miles de acusaciones de crímenes de guerra, cero cargos en casa, el TPI mira para otro lado y el gobierno británico celebra. La justicia, a veces, tiene unos caminos que ni la mejor novela de intriga podría prever. ¿Justicia para todos o para los que saben jugar con las reglas?