
Los preparativos para los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 siempre iban a ser complicados, pero nadie esperaba que el obstáculo principal fuese… un pene. O al menos, eso es lo que el titular sensacionalista y algo mal traducido ha hecho creer al mundo. El trampolín de salto de esquí en Predazzo (Stadio del Salto), un recinto histórico que necesita una reforma urgente para albergar las pruebas olímpicas, está sufriendo un retraso monumental, bautizado por el público con un título sugerente.
Olvídese de conspiraciones, fallos de diseño fálicos o dramas sexuales. La realidad es mucho más mundana, aunque igual de exasperante para los organizadores de los juegos: la escasez de un material crucial. La empresa constructora Rizzani de Eccher está teniendo serios problemas para encontrar el tipo específico de madera de alerce (larch) italiana que se requiere para completar la obra. Esta madera es vital, no por razones estructurales de los cimientos, sino puramente estéticas y de diseño.
Los planos de la nueva torre de jueces exigen un revestimiento muy particular, conocido como ‘shingle cladding’, a base de pequeñas tejas de esta madera local. El alerce italiano, especialmente el de alta calidad necesario para este tipo de construcción de prestigio, parece estar más escondido que un tesoro pirata. Sin este material autóctono y con un suministro tan restringido, el diseño visual del proyecto se tambalea y, lo que es peor, la construcción del recinto se detiene en seco.
El resultado es que un proyecto clave para las Olimpiadas 2026 está ya contra las cuerdas, pendiente de que aparezca una cantidad suficiente de listones de madera específicos y aprobados por el comité. Es decir, que el tan publicitado y ruidoso ‘problema del pene’ que tanto revuelo ha causado, no es más que un dramático, y quizá mal traducido, titular para describir un cuello de botella logístico provocado por la falta de tablones. Así que, mientras la élite del salto de esquí se prepara para volar en 2026, los constructores italianos están a la caza desesperada de la madera perfecta. La historia deja una moraleja clara: en la construcción olímpica, a veces lo más difícil no es la ingeniería, sino encontrar la materia prima adecuada… y evitar que el drama logístico se convierta en un chiste de patio de recreo en los titulares internacionales.
