El tipo cuyo nombre te hace sudar la gota gorda

El tipo cuyo nombre te hace sudar la gota gorda
Hubert Blaine Wolfeschlegelsteinhausenbergerdorff... Sr. ostenta el récord del nombre más largo del mundo con 746 letras. Este residente de Filadelfia tuvo que acortarlo en documentos oficiales a 'Hubert B. Wolfe + 666, Sr.', debido a la evidente falta de espacio.
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Imagínate la escena: estás en el banco o en el registro civil, intentando rellenar un formulario. Llegas a la casilla de ‘Nombre completo’ y piensas ‘venga, esto es rápido’. Error. Si eres Hubert Blaine Wolfeschlegelsteinhausenbergerdorff… y un chorro de letras más, esa simple tarea se convierte en una odisea épica digna de ser narrada.

Hablamos de un ciudadano de Filadelfia que se hizo famoso en su momento porque, según los registros, su identidad nominal es la más larga jamás documentada en la historia moderna: una espectacular monstruosidad lingüística de 746 letras. Sí, has leído bien. Setecientas cuarenta y seis. La frase ‘mi nombre es largo’ se queda corta, esto es una tesis doctoral que requiere varias líneas.

El nombre, que empieza con Hubert Blaine Wolfeschlegelsteinhausenbergerdorff, sigue con una cadena de 26 nombres de pila intermedios (uno por cada letra del alfabeto, para que no falte detalle) y culmina con el Sr. La longitud era tal que era, literalmente, imposible de escribir en cualquier documento oficial, registro bancario o incluso en su carné de conducir.

Evidentemente, la burocracia de la época, y la de ahora, no está preparada para semejante despliegue nominal. Por eso, Hubert tuvo que tirar de pragmatismo y reducir la cosa a un alias un poco más manejable para el día a día. Firmaba y se presentaba sencillamente como ‘Hubert B. Wolfe + 666, Sr.’. Un apodo que, irónicamente, sugiere que su nombre es tan largo que solo el mismísimo infierno podría haberlo ideado.

El origen de este despropósito tipográfico se encuentra en la tradición familiar. Parece ser que el padre de Hubert no era precisamente minimalista en sus elecciones, y dictó que el hijo mayor debía llevar el nombre completo de él. Así que la próxima vez que te quejes porque tienes que escribir tu segundo apellido, recuerda a Hubert. Probablemente todavía esté buscando un bolígrafo que no se quede sin tinta a mitad de su firma.