
Parece que la tecnología, además de regalarnos memes y la capacidad de pedir comida con un solo clic, se está llevando por delante habilidades básicas. La última víctima de la era digital son, agárrense fuerte, los relojes analógicos. Sí, esos aparatos redondos con dos o tres manecillas que cuelgan de la pared y que, aparentemente, son una especie de jeroglífico indescifrable para las nuevas generaciones de estudiantes.
La alarma no ha saltado en la torre del Big Ben, sino en las aulas de muchos centros educativos. Varios profesores se han dado dado cuenta de un fenómeno tan curioso como preocupante: a los alumnos, nacidos y criados con la hora en formato 24 horas brillando en la pantalla del móvil o el ordenador, les cuesta horrores entender qué hora marcan los clásicos relojes de pared. Traducir el movimiento de las manecillas a un número legible y correcto es, para muchos, un ejercicio de lógica avanzada que simplemente no dominan.
El problema, que podría parecer una anécdota, es bastante serio, sobre todo en momentos de alta presión como los exámenes. Los docentes han notado que los estudiantes pierden un tiempo precioso, que debería dedicarse a rellenar respuestas o planificar el tiempo restante, intentando descifrar si la manecilla corta está en el cuatro o si ya está acercándose peligrosamente al cinco. Básicamente, están pagando un alto peaje temporal por una habilidad que, hace apenas una o dos décadas, se aprendía casi por osmosis en preescolar.
Ante este panorama, la solución que se baraja en muchas instituciones es tan drástica como reveladora del cambio generacional: reemplazar los imperturbables y silenciosos relojes analógicos por sus hermanos digitales. Adiós a la belleza de la esfera y al suave tic-tac; hola a los fríos números que no requieren interpretación. Algunos lo verán como una rendición ante la tiranía de la inmediatez digital; otros, como una medida de puro pragmatismo para evitar que los chavales suspendan por culpa de las agujas. En cualquier caso, si quieres saber si es la hora de comer, mejor pregunta al móvil, no vaya a ser que el reloj de la pared te esté gastando una broma de las manecillas.
