En el vasto y a veces sorprendente océano, ocurren cosas que desafían la lógica, y lo que le pasó a un buceador en Australia es un claro ejemplo de que la vida marina puede ser… imaginativa en sus ataques. Olvidad los típicos sustos de tiburones; aquí la historia da un giro inesperado, digno de un guion de película de serie B con un toque de humor negro.
Nuestra protagonista, Doreen Collyer, de 60 años, disfrutaba de un día de buceo buscando vieiras cerca de Port Kennedy, al sur de Perth, en la idílica Australia Occidental. Estaba con un compañero, compartiendo la pasión por las profundidades. Todo era tranquilidad hasta que un ‘pez grande’, que el superviviente describiría después como un ‘tiburón blanco enorme’ de unos cinco metros, decidió que Doreen era su menú del día.
La tragedia ya estaba servida con el fatal ataque a Doreen. Pero la naturaleza, o en este caso, el tiburón, tenía un as bajo la manga para su acompañante. Mientras el escualo intentaba largarse del lugar del crimen con su presa, hizo algo totalmente insólito: en su frenético movimiento de escape, el enorme depredador utilizó el cuerpo inerte de Doreen para golpear y herir gravemente al compañero de buceo. ¡Sí, han leído bien! Fue como si el tiburón pensara: ‘Ya que estoy, dejo un recadito al otro’.
El buzo, cuya identidad no se ha desvelado, logró salir del agua con heridas considerables. Las autoridades, entre ellas la policía y el Departamento de Pesca, se movilizaron inmediatamente. Lamentablemente, solo pudieron recuperar algunos objetos del equipo de buceo de Doreen, mientras la búsqueda de su cuerpo continuaba en las turbulentas aguas.
Este incidente no solo es un recordatorio de los peligros del océano, sino también de las formas insólitas en que la naturaleza puede actuar. No todos los días te encuentras con una historia donde un tiburón, en un acto casi de doble agresión involuntaria, usa a su víctima para impactar a una segunda persona. Una narrativa tan peculiar que nos hace preguntarnos qué otras sorpresas nos deparará el fondo marino. Desde luego, la definición de ‘un mal día de buceo’ acaba de ser redefinida de la manera más inesperada.




