
Viajar al extranjero siempre implica enfrentarse a choques culturales: los horarios de las comidas, el idioma, el transporte… Sin embargo, hay un detalle cotidiano que está dejando completamente descolocados a los turistas estadounidenses que cruzan el charco o viajan a países como Australia o Canadá. Y no, no hablamos de la gastronomía, sino de algo mucho más mundano: ir al estanco a comprar tabaco.
Un viaje de la publicidad vintage al cine de terror
Para entender este fenómeno que se ha vuelto recurrente en foros y redes sociales, hay que ponerse en la piel de un fumador de Estados Unidos. Allí, la industria del tabaco sigue manteniendo un diseño que, a ojos de los europeos, parece sacado de los años noventa.
- El estilo americano: Las cajetillas en EE. UU. conservan sus coloridos logotipos corporativos, tipografías elegantes y diseños limpios. La advertencia sanitaria gubernamental se reduce a un pequeño y discreto texto en el lateral de la caja que advierte sobre los peligros para la salud. Algo que, a estas alturas, resulta casi invisible para el consumidor habitual.
- El impacto visual del resto del mundo: La realidad fuera de sus fronteras es diametralmente opuesta. Al pedir su marca favorita en un país europeo o en Australia, el turista americano se topa de bruces con el empaquetado genérico y unas imágenes explícitas que no escatiman en detalles macabros. Pulmones ennegrecidos, dentaduras destrozadas, tumores y mensajes gigantescos en letras negras que rezan «Fumar mata».
La cómica ruleta rusa del mostrador
Esta abismal diferencia visual ha generado situaciones de lo más hilarantes e incómodas en los estancos de todo el mundo. Los trabajadores de estos establecimientos están ya acostumbrados a la reacción de auténtico pánico y asco de los visitantes estadounidenses cuando les ponen sobre el mostrador una foto a todo color de una intervención quirúrgica a corazón abierto o un cuello perforado.
«He visto a estadounidenses pedir por favor al dependiente que les cambien la cajetilla del señor entubado en la UCI por la del ojo ciego, porque les daba menos grima tener que mirarla al coger un cigarrillo», relata con sorna un usuario de internet al respecto de esta peculiar situación.
¿Por qué tanta diferencia?
Todo se resume en las normativas gubernamentales. Mientras que gran parte de los países han adoptado medidas drásticas y visualmente agresivas para disuadir a la población de fumar y concienciar sobre las consecuencias reales, las leyes estadounidenses han sido tradicionalmente mucho más laxas con el packaging, protegiendo en mayor medida la imagen corporativa de las grandes tabacaleras.
Así que ya lo sabes, la próxima vez que veas a un turista americano mirando horrorizado una pequeña caja de cartón en la cola del supermercado, no está viendo un fantasma ni le ha bajado la tensión. Simplemente está asimilando su primera dosis de cruda y gráfica realidad antitabaco europea.
