
A ver, que levante la mano quien no haya tenido nunca un mal día. Ahora, que levante la mano quien haya tenido un día tan malo que involucre alienígenas, teletransportación y un BMW robado. Apostamos a que David Lee Quimby, un caballero de 33 años de Tucson, Arizona, sería el único en la sala con la mano en alto. Y es que su historia es de esas que no te las crees ni aunque te las cuenten tus abuelos con toda la seriedad del mundo.
Todo empezó una noche de domingo, allá por octubre de 2013. La policía de Tucson recibió el aviso de un accidente de tráfico alrededor de las 22:00 en la confluencia de West Anklam Road y Greasewood Road. Cuando llegaron al lugar, se encontraron con un BMW seriamente dañado, boca abajo, que había decidido saltarse un bordillo y darse la vuelta. Y al lado, el mismísimo David Lee Quimby, aparentemente ileso salvo por alguna herida leve, aunque con una historia para enmarcar.
¿El coche? Pues resultó ser un BMW que había sido reportado como robado ese mismo día de un negocio en la manzana 3600 de North Oracle Road. Cuando los agentes le preguntaron a Quimby por el vehículo, su respuesta fue, digamos, «de otro planeta». Literalmente. Nuestro protagonista les soltó sin despeinarse que él había sido abducido por alienígenas. Sí, habéis leído bien: alienígenas. Y no solo eso, sino que lo llevaron de excursión a Marte. Un viajecito de ida y vuelta que culminó, según él, con una «teletransportación» directa al asiento del conductor de ese BMW. Así que, en resumen, no lo robó, solo apareció ahí por arte de magia intergaláctica.
Claro, la policía, que de historias rocambolescas habrá oído unas cuantas, no compró la coartada intergaláctica. Más aún cuando, al inspeccionar el coche, encontraron algo un poco más terrenal pero igualmente problemático: parafernalia para consumir metanfetaminas, concretamente una pipa. Para rematar, Quimby admitió haber fumado marihuana ese día, aunque, eso sí, juró que no se sentía incapacitado para conducir mientras los alienígenas le estaban dando el paseo espacial.
Así las cosas, David Lee Quimby no terminó en la nave nodriza, sino en la cárcel del condado de Pima, tras ser tratado por sus heridas menores en el lugar del accidente. Los cargos tampoco fueron precisamente de «violación de espacio aéreo extraterrestre», sino mucho más mundanos: robo con fuerza, daños criminales, posesión de parafernalia de drogas y conducir bajo la influencia de sustancias. Una auténtica joya de currículum que ni en la NASA se atreverían a igualar.
En fin, una historia que nos recuerda que a veces la realidad supera con creces a la ciencia ficción, sobre todo cuando hay un BMW robado y una pipa de meth de por medio. ¡Pobres alienígenas, con la mala fama que les van a dar!
