
Imagina la escena: eres nativa americana, nacida y criada en Estados Unidos, y un buen día, un agente de policía te detiene y te cuestiona si eres de allí. ¿Absurdo? Pues esto es exactamente lo que le pasó a Cathy Ann Macera, una mujer de la Nación Seminole de Oklahoma, en el soleado estado de Florida. Y la verdad es que la historia tiene tela, ¡pero bien gorda!
Todo empezó, como suelen empezar estas cosas, por una infracción de tráfico. Nuestra protagonista, Cathy Ann, hizo un giro en U que, al parecer, no era del todo legal. Un agente del condado de Polk la detuvo, y hasta ahí, todo normal. Lo que vino después, sin embargo, parece sacado de un sketch de humor negro.
Según cuenta la propia Macera, la cosa se puso rara cuando el agente empezó a preguntarle de dónde era. Ella, con toda la naturalidad del mundo, le respondió que había nacido en Florida. La conversación podría haber terminado ahí, pero no. El agente, ni corto ni perezoso, insistió: «No pareces americana». Sí, has leído bien. ¡No parecía americana!
Para rizar el rizo de esta tragicomedia, el agente también afirmó que Cathy Ann hablaba inglés «con acento». Ella, por supuesto, negó tener acento alguno. Claro, normal. Imagínate la situación: una mujer cuya ascendencia ha pisado esas tierras mucho antes de que existiera el concepto de «Estados Unidos» siendo interrogada sobre su origen por un policía que se basa en un criterio tan vago como el «parecido». ¡Manda narices!
La cosa se puso aún más seria cuando el agente le pidió su partida de nacimiento y, ni corto ni perezoso, contactó con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) para confirmar su estado migratorio. ¿Un miembro de la Nación Seminole de Oklahoma, con su tarjeta de identificación tribal en regla y nacida en Florida, a punto de ser deportada? Esto ya no es solo «no parecer americana», esto es para alucinar en colores. Por suerte, y como era de esperar, ICE confirmó que Cathy Ann Macera era, efectivamente, ciudadana estadounidense y no había ningún motivo para su deportación. Al final, fue puesta en libertad, pero eso sí, con su correspondiente multa por el giro en U. Porque claro, la infracción de tráfico seguía ahí.
Este incidente, aparte de ser bastante surrealista, ha dejado a Cathy Ann Macera sintiéndose «humillada» y «perfilada racialmente». Y no es para menos. Es una de esas historias que te hacen levantar una ceja y pensar: ¿en serio esto ha pasado? La respuesta, por desgracia, es sí. Y nos deja claro que, a veces, la realidad supera cualquier guion de comedia, aunque el trasfondo sea más bien de crítica social.
