El surfista austriaco que batió un récord mundial estando prácticamente quieto

El surfista austriaco que batió un récord mundial estando prácticamente quieto
Michael Rauscher ha entrado en el Guinness al surfear una ola estacionaria durante 24 horas, 33 minutos y 33 segundos en el río Mur de Graz, Austria. Este maratón de resistencia, dedicado a concienciar sobre el Párkinson, superó el récord anterior por casi media hora.
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¿Quién dijo que el surf era solo arena, mar abierto y tiburones? Parece que en Austria tienen otra definición, concretamente en Graz, donde las olas son tan estáticas que podrías hacer la compra mientras las surfeas. El protagonista de esta hazaña de resistencia extrema es Michael Rauscher, un deportista de 42 años que decidió que un día normal no era suficiente, así que se propuso pasar un día entero… ¡y pico! subido a una tabla, demostrando que la disciplina austriaca llega hasta el deporte extremo.

Rauscher no se enfrentó al oleaje del Atlántico ni a las legendarias rompientes del Pacífico, sino a la disciplinada E20-Welle (o ‘La Ola’) del paseo Mur, una ola de río controlada. El reto era tan simple como inhumano: batir el Récord Guinness de mayor tiempo continuo surfeando una ola estacionaria. La marca anterior la ostentaba un americano con unas respetables 24 horas y 4 minutos, un tiempo que ya parecía una barbaridad.

Para superar eso, Rauscher tuvo que subirse a la tabla el sábado y mantenerse ahí, de pie y en continuo micromovimiento para no perder el equilibrio, hasta el domingo. La meta oficial eran 24 horas, 33 minutos y 33 segundos. Esto no es un paseo marítimo; es un maratón de tensión muscular donde el mayor enemigo es el sueño y la deshidratación. Hay que imaginar la agonía mental de estar surfeando en el mismo sitio durante un cuarto de siglo en horas.

Para lograrlo sin caerse por el cansancio extremo, tuvo que ingeniárselas con sistemas de hidratación especiales, probablemente más propios de la Fórmula 1 que de un deportista al aire libre. Además, estuvo bajo vigilancia médica constante. Lo más admirable de este esfuerzo no es solo la proeza física y la capacidad de aguantar el aburrimiento, sino la causa. Rauscher dedicó esta tortura de resistencia a la concienciación y recaudación de fondos para la lucha contra el Párkinson.

Finalmente, el reloj se detuvo y la proeza fue certificada. Rauscher no solo batió el récord, sino que lo pulverizó, añadiendo casi media hora extra a la marca anterior. Demostró que no necesitas el Pacífico para hacer historia del surf, solo una ola que no se mueva, un río conveniente y una voluntad de hierro de no caerse por nada del mundo.