
Imagina el siguiente escenario: estás en el Tribunal Supremo de Estados Unidos, los jueces más sesudos del país, y de repente, tienen que decidir si unos cuantos puntitos microscópicos en nitrógeno líquido tienen alma y son legalmente ‘niños’. No, no es el guion de una peli de ciencia ficción cutre, es la cruda realidad que tienen entre manos.
La movida viene de Alabama, un estado que decidió, así por las buenas, que los embriones congelados son ‘personas’ con todos los derechos del mundo. ¿El resultado? Un caos total. Las clínicas de fecundación in vitro (FIV) tuvieron que parar máquinas, las parejas que soñaban con tener hijos vieron sus planes en el aire y el país entero se echó las manos a la cabeza.
Ahora, este patatal ha llegado de forma indirecta al mismísimo Tribunal Supremo. Y ver a los jueces intentando desentrañar este galimatías es un espectáculo digno de ver. Hasta la jueza Amy Coney Barrett, conocida por sus ideas conservadoras y madre de siete churumbeles (dos adoptados, ojo), se rascaba la cabeza preguntándose qué pasa con esos embriones que, por lo que sea, nunca van a ser implantados. ¿Qué hacemos con ellos? ¿Les montamos una fiesta de cumpleaños? ¿Pagan impuestos?
Por otro lado, la jueza Elena Kagan, más del ala progresista, planteaba la pregunta del millón: ‘¿Y cómo narices nos deshacemos de los embriones que ya no se usan? ¿Con un entierro digno o directamente a la basura?’ La cosa tiene tela marinera, porque si cada embrión es una persona, las implicaciones son siderales para la investigación, la medicina y, claro está, para las miles de parejas que dependen de la FIV.
Todo este lío comenzó con unas demandas de parejas cuyos embriones fueron destruidos accidentalmente en una clínica. Basándose en una ley estatal sobre la ‘muerte por negligencia de un menor’, el Tribunal Supremo de Alabama sentó un precedente que ha puesto patas arriba el panorama de la reproducción asistida.
El Tribunal Supremo de EE. UU. no está revisando directamente esa sentencia de Alabama, pero el eco de esa decisión resuena en cada rincón de sus debates. La cuestión de la ‘personalidad’ del embrión es un melón que llevan años intentando abrir sin éxito, y esta vez, parece que no tienen más remedio que pringarse.
La decisión final, que se espera para principios de julio, tendrá un impacto brutal en los derechos reproductivos y en el acceso a la FIV en todo el país. Y nosotros, aquí, con el bol de palomitas, esperando a ver si unos cuantos puntitos congelados se convierten legalmente en mini-ciudadanos con derecho a voto (es broma, pero casi).
