
¡Atención, ciudadanos de bien! Si alguna vez pensaste que el Caballero Oscuro solo servía para repartir mamporros a villanos de opereta, prepárate para una revelación que te dejará boquiabierto. Resulta que Batman tiene un superpoder aún más impresionante que su batarang o su batmóvil: nos convierte en personas mejores. Sí, como lo oyes. Un estudio de la prestigiosa Universidad de Chicago ha desvelado que, al menos entre los más pequeños, ponerse la capa imaginaria de Batman es sinónimo de un comportamiento impecable.
La cosa fue así: los sesudos científicos de Chicago, en un alarde de ingenio, reunieron a un bat-grupo de niños de entre 4 y 8 años para una misión aparentemente sencilla: limpiar una montaña de canicas. El premio por esta titánica labor, para que la cosa tuviera emoción, eran unas fichas que luego podrían canjear. Pero, ojo al dato, se les dio la oportunidad de engañar y coger más fichas de las que realmente habían ganado. El escenario perfecto para ver quién tenía alma de Robin Hood y quién de El Pingüino.
Dividieron a los peques en tres grupos estratégicos. Al primer bat-grupo, el de la élite, se les pidió que se imaginaran ‘siendo como Batman’. Al segundo, el de los currantes, que se pusieran en la piel de ‘Bob el Constructor’. Y al tercero, el de los ‘venga, sé tú mismo’, se les dejó a su libre albedrío, sin superhéroes ni currantes de por medio.
¿Y el resultado? Pues prepárense para aplaudir. Aquellos que se imaginaron como Batman hicieron significativamente menos trampas. No solo eso, sino que se esforzaron más en la tarea y reportaron honestamente las fichas ganadas. Parecía que el mismísimo Comisario Gordon estaba observándolos. En contraste, los niños que emularon a Bob el Constructor o, simplemente, fueron ellos mismos, mostraron niveles de picaresca bastante similares entre sí. ¡Pobre Bob! Con lo que se esfuerza en construir, y resulta que no inspira la misma rectitud moral que un tipo disfrazado de murciélago.
Los investigadores de la Universidad de Chicago lo tienen claro: la clave está en el ‘modelo moral’ que representa Batman y la ‘proximidad psicológica’ que los niños sienten hacia él. Batman es un tipo que, a pesar de no tener superpoderes, lucha incansablemente contra el crimen, hace sacrificios personales y tiene un código ético de hierro. Bob el Constructor, por muy simpático que sea y por mucho que arregle cosas, no proyecta esa misma imagen de paladín de la justicia que un héroe oscuro con capa.
Así que ya sabes, la próxima vez que necesites un empujón para portarte bien, o quieras que tus hijos pongan orden en su habitación, quizás la solución no sea un sermón, sino un simple ‘¿Qué haría Batman?’. Quién iba a decir que el señor de la noche sería nuestro mejor consejero de urbanidad y buenas costumbres. ¡Larga vida al bat-comportamiento!
