
Imagínate la escena: encuentras el terreno perfecto, reúnes tus ahorros y construyes la casa de tus sueños, una acogedora cabaña de madera en plena naturaleza galesa. ¿El plan perfecto, verdad? Pues para Ceri y Ann Richards, este sueño se ha convertido en una pesadilla con fecha de demolición.
Resulta que en 2018, la pareja se lanzó a la aventura de la autoconstrucción sin un pequeño pero crucial papel: el permiso de obras. Según ellos, un funcionario del ayuntamiento de Carmarthenshire les dijo que no lo necesitaban, un consejo que el ayuntamiento niega rotundamente haber dado. Y claro, aquí empezó el lío.
La casa en cuestión no es una caseta de jardín, sino una señora cabaña de madera que, según sus dueños, es ecológica y no molesta a nadie. De hecho, sus vecinos no pusieron ninguna objeción. Pero para la administración, era una ‘infracción del control urbanístico’ que chocaba frontalmente con las políticas locales y nacionales.
Desde 2021, los Richards han estado de juzgado en juzgado. Primero recibieron una orden de demolición. Apelaron. Perdieron. Solicitaron un permiso retroactivo. Se lo denegaron. Les dieron un nuevo plazo. Volvieron a apelar, esta vez al Tribunal Superior. Y volvieron a perder. La justicia, al parecer, no está de su lado.
Ahora, la última sentencia es firme: tienen hasta el 18 de octubre para reducir su hogar a escombros. La pareja, que vendió su anterior propiedad para financiar esta construcción, asegura estar ‘devastada’ y enfrentarse a quedarse sin hogar, ya que ni siquiera pueden permitirse el coste de la demolición. Una historia que nos recuerda que antes de poner el primer ladrillo (o tronco), más vale tener todos los papeles en regla.
