
Todos recordamos a esos niños prodigio que nos robaron el corazón en la gran pantalla. Parecían destinados a comerse el mundo, a acumular premios de la Academia y a vivir en mansiones de Beverly Hills. Pero la realidad de Hollywood es a menudo más cruda que el guion de un drama independiente, y muchos de ellos decidieron bajarse del tren de la fama antes de que descarrilara.
Ya sea por la presión mediática, por descubrir nuevas vocaciones o simplemente por querer una vida donde no te persigan los paparazzi al ir a comprar el pan, un puñado de estrellas infantiles optaron por trabajos… sorprendentemente normales. Y la verdad, sus currículums actuales te van a dejar de piedra.
Los giros laborales más locos de los ex niños actores
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Jeff Cohen: De hacer el supermeneo en Los Goonies a los tribunales
Si naciste antes de los 90, es imposible que no recuerdes al adorable y glotón Gordi (Chunk en la versión original) de Los Goonies. Pues bien, resulta que la fama infantil no le aseguró el éxito continuo en la actuación. Tras perder el peso que lo caracterizaba, los papeles dejaron de lloverle. ¿Su solución? Ponerse a estudiar como un campeón. Hoy en día, Jeff es un prestigioso abogado especializado en la industria del entretenimiento y tiene su propio bufete. ¡Seguro que ahora sus negociaciones son mucho más duras que pedir un trozo de pizza!
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Mara Wilson: La mente prodigiosa de Matilda prefirió los libros reales
Mara fue, sin lugar a dudas, la niña de oro de los años 90 gracias a exitazos como Señora Doubtfire y, por supuesto, Matilda. Pero crecer en el despiadado ojo público de Los Ángeles no es plato de buen gusto. Wilson se sintió encasillada e incómoda con las altísimas expectativas de la industria. Lejos de dejarse arrastrar, decidió cambiar los guiones por los manuscritos. En la actualidad, Mara Wilson es escritora, dramaturga y se dedica a contar sus propias historias sin tener que memorizar las líneas de otro.
«Actuar en películas no es muy divertido. Hacer la misma cosa una y otra vez hasta que, a los ojos del director, lo haces bien, no permite mucha libertad creativa.»
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Peter Ostrum: El niño de Willy Wonka que prefirió a los animales
Interpretar a Charlie Bucket en la mítica película original de Willy Wonka y la fábrica de chocolate (1971) fue su primer y último papel. Le ofrecieron un contrato de tres películas, pero él dijo: «no, gracias». Tras comprarse su primer caballo con el dinero que ganó en la cinta, descubrió su verdadera pasión. Estudió medicina veterinaria y durante toda su vida adulta ha trabajado como veterinario especializado en ganado vacuno y equino en el estado de Nueva York. Un final bastante más tranquilo que heredar una fábrica llena de Oompa Loompas.
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Danny Lloyd: Del terror de El Resplandor a las aulas de biología
Imagínate tener tu primer trabajo interpretativo bajo las órdenes del legendario Stanley Kubrick, corriendo en triciclo por los siniestros pasillos del Hotel Overlook. Danny Lloyd dio vida al pequeño Danny Torrance en El Resplandor, pero el gusanillo de la actuación no le picó demasiado fuerte. Tras unos años intentando conseguir algún papel, lo dejó en la adolescencia. En lugar de ceder a la locura como Jack Nicholson en la ficción, Lloyd optó por la ciencia y es un respetable profesor de biología en una universidad comunitaria en Kentucky. ¡Un giro argumental que ni el mismísimo Stephen King vio venir!
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Ariana Richards: De huir de los T-Rex en Jurassic Park a pintar cuadros
La niña que nos puso los pelos de punta intentando comer gelatina mientras un Velociraptor la acechaba en Jurassic Park decidió que los dinosaurios y los sets de rodaje eran suficiente adrenalina para toda una vida. Ariana Richards encontró su refugio en los pinceles. Actualmente es una pintora profesional bastante reconocida, especializada en retratos y paisajes clásicos. Ha cambiado el caos de la Isla Nublar por la tranquilidad y el silencio de su estudio de arte.
¿Por qué renuncian cuando están en la cima?
El salseo de Hollywood siempre intenta buscar traumas oscuros, pero a veces la respuesta es mucho más sencilla. Los motivos más habituales por los que estos jóvenes prodigios terminan diciendo adiós a los focos suelen ser:
- Presión mediática insoportable: La falta de absoluta privacidad durante una etapa tan vulnerable como la adolescencia.
- Peligro de encasillamiento: La tremenda dificultad de que los directores de casting los vean como adultos funcionales y no como el niño que fueron.
- Nuevas vocaciones: Descubrir pasiones totalmente alejadas del cine, como la ciencia, el arte o el derecho.
Al final, tener una carrera convencional, fichar en una oficina y alejarse de las alfombras rojas parece ser, para estas antiguas megaestrellas, el verdadero final feliz.
