
¡Atención, amantes del drama político con un toque de comedia de enredos! La India nos ha regalado una historia que parece sacada de un guion de película, pero es más real que los ‘hashtags’ en tendencia. Preparad vuestras palomitas, porque la cosa promete.
Todo empezó con un vídeo que se hizo viral como la pólvora. En él, un hombre ataviado con un turbante y una barba impecable, vamos, con toda la pinta de ser un sikh de los de pura cepa, se deshacía en elogios hacia el primer ministro Narendra Modi. El vídeo corrió por las redes, compartido a diestro y siniestro por los miembros del partido BJP, encantados con lo que parecía un apoyo espontáneo y genuino de la comunidad sikh. «¡Mirad qué bien, hasta los sikhs están contentos con Modi!», parecían gritar sus ‘posts’.
Pero, como suele pasar con los trucos de magia mal ejecutados, el velo no tardó en caerse. La realidad, señoras y señores, era mucho más ‘peliaguda’. Resultó que nuestro entusiasta sikh no era tal. Detrás del turbante y la barba postiza se escondía Varun Choudhary, un miembro del mismísimo BJP, de confesión hindú y, por lo visto, un maestro del disfraz. ¡Sorpresa! El hombre había decidido que si los sikhs de verdad no salían a la palestra a alabar a Modi, él lo haría por ellos, poniéndose su mejor atuendo de ‘operación encubierta’.
Choudhary, un artista de la manipulación digital, ya es conocido por su canal de YouTube donde, atención al dato, aparece regularmente disfrazado de distintos personajes para, ¡oh, sorpresa!, alabar a Modi y las políticas del BJP. Es el hombre orquesta de la propaganda, un ‘influencer’ con múltiples identidades. Cuando le pillaron con las manos en la masa y la barba suelta, Varun no se cortó un pelo. Admitió sin tapujos que sí, que era él, y que su intención era mandar un mensaje muy claro: que la comunidad sikh está feliz con el gobierno de Modi. Vamos, que su táctica era algo así como: «Si no lo dicen ellos, ya lo digo yo por la cuenta que me trae».
Como era de esperar, este numerito no sentó nada bien. La Shiromani Gurdwara Parbandhak Committee (SGPC), la organización que representa a los sikhs, puso el grito en el cielo. Lo calificaron de «burla a la identidad sikh» y «descarada táctica divisiva». Y con razón, porque no es lo mismo que te apoyen de forma sincera a que te fabriquen un apoyo con bigotes de pega. Algunos líderes del BJP que habían compartido el vídeo con tanto orgullo, hicieron el paseíllo de la vergüenza digital y o borraron sus publicaciones o intentaron justificarse con excusas más o menos ingeniosas.
En fin, una lección magistral de cómo no hacer campaña política, o quizás, de cómo hacerla tan descaradamente que se convierte en noticia por lo absurdo. Lo que está claro es que Varun Choudhary ha conseguido su minuto de fama, aunque no precisamente por su talento interpretativo, sino por ser el sikh más inesperado que el mundo de la política podía darnos.
