
Imaginen la escena: René Charlebois, un señor con un currículum más negro que el futuro de un gatito en un túnel sin luz, decide que su vida no ha sido lo suficientemente… ¿espiritual? Hablamos de un antiguo sicario de los Hells Angels, con una condena de por vida por asesinato en primer grado, además de haberse confesado autor de otros dos homicidios y haber participado en la friolera de trece más durante la sangrienta guerra de bandas moteras de Quebec en los años 90. Un angelito, vaya.
Pues este caballero, tras pasar 14 años a la sombra, se le ocurre la brillante idea de demandar a la mismísima Junta de Libertad Condicional de Canadá. ¿El motivo? Nada menos que 1,6 millones de dólares por, agárrense, no haberle proporcionado una «orientación espiritual significativa». Sí, han leído bien. Según él, la ausencia de esta guía divina fue la responsable de que escapara de una institución de mínima seguridad en 2013 y, atención, de su posterior suicidio cuatro días después, cuando fue encontrado muerto en un apartamento. La lógica, al menos en su cabeza, era impecable: si hubiesen rezado más con él, o algo por el estilo, todo esto se habría evitado.
La demanda, presentada antes de su fallecimiento, argumentaba que los «fallos» de la junta de libertad condicional le habían conducido directamente a su fuga y a su trágico final. Una forma peculiar de eludir responsabilidades, ¿verdad? Como si uno atropellara un buzón de correos y culpase a Correos por no haber pintado el buzón de un color más chillón.
Sin embargo, la realidad, como suele pasar, es a menudo menos absurda que las pretensiones de un sicario. El juez Louis Lacoursière, de la Corte Superior de Quebec, no tardó en poner los puntos sobre las íes. Desestimó la demanda sin miramientos, calificando la queja de «un poco surrealista» y, lo que es aún mejor, «frívola y vexatoria». El juez no se anduvo con chiquitas: recordó que Charlebois era un «asesino a sangre fría» con un «largo historial criminal» que incluía, ya en prisión, múltiples condenas por agredir a personal penitenciario, robo y tráfico de drogas. Un auténtico ejemplo de conducta, vamos.
La sentencia fue rotunda: Charlebois era el único responsable de sus propias decisiones. Sus acciones, y no la falta de un capellán a su medida, fueron las que le llevaron a escapar y, en última instancia, a su propia muerte. En resumen, si eres un sicario, matas gente, te fugas de la cárcel y acabas suicidándote, no puedes culpar a la junta de libertad condicional por no haberte dado suficiente «mindfulness». Cada uno es dueño de sus actos, y el karma, o la justicia en este caso, a veces sabe golpear dos veces.
