
¿Cuál es el secreto de la eterna juventud? Pues si le preguntamos a la hermana André, la respuesta podría ser una copa de vino al día y un buen trozo de chocolate. Y viendo su DNI, parece que la estrategia le funciona de maravilla. Esta monja francesa, cuyo nombre de pila es Lucile Randon, acaba de celebrar nada menos que su 118 cumpleaños, consolidándose como la persona más longeva del planeta.
Nacida el 11 de febrero de 1904, la vida de la hermana André da para varias películas. No solo ha visto pasar dos guerras mundiales y toda la historia del siglo XX, sino que además se ha convertido en un símbolo de resiliencia en pleno siglo XXI. Justo antes de cumplir 117 años, dio positivo en COVID-19. ¿El resultado? Lo superó sin despeinarse, de forma totalmente asintomática, convirtiéndose en la superviviente de coronavirus de mayor edad que se conoce. Un milagro para unos, una prueba de su fortaleza para otros.
El título de ‘persona más anciana del mundo’ le llegó tras el fallecimiento de la japonesa Kane Tanaka, que nos dejó con 119 años. Un honor que la hermana André califica de ‘triste’, aunque no puede evitar sentir alegría por ‘ser mimada por su familia’. Pero que nadie piense que se conforma. Lejos de retirarse a una vida contemplativa sin más, tiene un objetivo entre ceja y ceja: batir el récord absoluto de longevidad.
La marca a superar la ostenta otra francesa, Jeanne Calment, que falleció a los 122 años. A la hermana André no le asusta el reto y, mientras tanto, sigue con su rutina en Toulon, donde no perdona su postre de chocolate y su copita de oporto. Así que ya sabéis, la próxima vez que dudéis si tomaros ese trocito de tarta, pensad en la hermana André. Quizás el secreto no esté en las privaciones, sino en disfrutar de los pequeños placeres con una meta de récord mundial en el horizonte.
