
Amigos, la ciencia nos trae un dilema existencial envuelto en un lazo de humor negro. Si pensabas que la clave para la longevidad era comer más fibra, meditar o hacer yoga, prepárate para la sorpresa. Resulta que, si eres un mamífero macho, sacrificar tus atributos masculinos podría ser la píldora mágica para vivir un buen puñado de años extra. Sí, hablamos de la castración. Que nadie se asuste, esto es solo ciencia curiosa, no una recomendación de estilo de vida para la población general, pero el dato es fascinante.
La movida viene de estudios que han puesto el ojo en el historial de ciertos mamíferos domésticos y también en registros humanos. La conclusión es chocante: existe un vínculo claro entre la ausencia de testículos (y la consiguiente reducción drástica de testosterona) y una vida más larga. Este fenómeno se ha observado tradicionalmente en mascotas como gatos y perros, donde la esterilización no solo controla la natalidad, sino que a menudo se asocia con un aumento de la esperanza de vida respecto a sus contrapartes intactas.
Pero los datos más llamativos vienen de la Corea pre-moderna. Los registros históricos, al estudiar la vida en las cortes, sugieren que los eunucos, aquellos hombres que eran castrados de niños para servir en la corte, no solo tenían una vida más cómoda, sino también notablemente más larga. Se estima que podían vivir hasta 15 años más que sus congéneres masculinos no castrados, incluso comparándolos con hombres de familias nobles que gozaban de un estatus socioeconómico y acceso a cuidados similares.
¿Y por qué ocurre este milagro de la biología? La respuesta, según los científicos, es la testosterona. Esta hormona, que impulsa el crecimiento muscular, el deseo y la agresividad, actúa como un arma de doble filo. Es genial para la supervivencia y la reproducción en la juventud y la madurez temprana, pero potencialmente dañina a largo plazo. Al parecer, la testosterona acelera el proceso de envejecimiento general del cuerpo; podría ser más estresante para el sistema cardiovascular o tener efectos negativos sobre el metabolismo con el paso de las décadas. Al eliminar esta fuente hormonal, el organismo parece entrar en modo ‘ahorro de energía’ vital. En esencia, la testosterona te hace vivir rápido y, comparativamente, morir joven. Así que, aunque los científicos no vayan a abrir clínicas de longevidad basadas en este método (por razones más que obvias), la próxima vez que te quejes de que estás envejeciendo demasiado rápido, recuerda: la culpa la tiene esa testosterona tan molona que tienes.
