El Rey Carlos III le corta el grifo a su hermano Andrés y le exige la llave de su mansión

El Rey Carlos III le corta el grifo a su hermano Andrés y le exige la llave de su mansión
El Príncipe Andrés se enfrenta a un ultimátum real: debe abandonar la lujosa Royal Lodge. Su hermano, el Rey Carlos III, le ha suspendido la financiación para los gastos operativos de la mansión, dejándolo sin recursos para costear el mantenimiento de la propiedad de 30 habitaciones.
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¡Atención a este culebrón de la Corona británica que ni la mejor serie de Netflix! El Príncipe Andrés, duque de York, se ha metido en un lío de esos de ‘ricos y famosos con problemas de fontanería’. Resulta que su hermano mayor, el flamante Rey Carlos III, ha decidido que ya está bien de pagar las facturas de la mansión de ensueño donde vive Andrés: la mismísima Royal Lodge. Imagínense, una casa con 30 habitaciones que mantener. Eso no es una casa, es un ayuntamiento pequeño.

El Rey Carlos, conocido por su pragmatismo financiero (y su deseo de reducir costes en la Casa Real), está aplicando la presión más antigua del mundo: la económica. La jugada es maestra: si Andrés no se va por las buenas, se irá por las malas… o, mejor dicho, por la falta de fondos. Carlos ha cortado el grifo, suspendiendo los fondos vitales que el duque usaba para la operatividad y el mantenimiento diario de la finca. Hablamos de miles de libras esterlinas al mes que ya no llegan, dejando a Andrés en una situación complicada para mantener una propiedad de semejante calibre.

Básicamente, la monarquía le ha dicho: ‘Si no puedes pagar la luz y la calefacción de tu palacete de 30 cuartos, quizás deberías mudarte a algo más humilde’. El objetivo final del Rey es claro: Carlos quiere que Andrés, quien ya no es miembro activo de la realeza, se traslade a la más modesta Frogmore Cottage (sí, la antigua y ‘tranquila’ casa de Harry y Meghan, donde modestia y realeza rara vez van de la mano).

El problema es que Andrés, al parecer, está atrincherado. Parece que se niega rotundamente a abandonar su nidito de amor real, a pesar de la presión financiera y la falta de ingresos propios suficientes. Es un pulso digno de la realeza: ¿puede un rey desahuciar a su propio hermano? La respuesta, al parecer, es sí, si la deuda del mantenimiento de un edificio histórico supera el presupuesto de un país pequeño. Veremos quién gana esta guerra de sartenes y coronas, pero por ahora, el Duque de York está aprendiendo una lección muy dura sobre los gastos de comunidad reales.